lunes, 21 de junio de 2010

El Buen Demonio

- Que equivocada estás, niña.

La seguridad con la que hablo congeló la sensación de triunfo que latía entre sus sienes e inflamaba su pecho. Estaba segura de haber seguido correctamente todos los pasos, de haber hecho bien el dibujo en el suelo. Aquel joven que permanecia de pie entre las volutas de humo y azufre que parecían brotar del suelo tendría que obedecerla en todo lo que le ordenara, pero en vez de eso, cuando le preguntó su nombre sólo se rió.

El chico la miraba entre los mechones de pelo que le caían de la frente, con las manos en los bolsillos y una media sonrisa en la boca.

- Estás empezando a asustarte.- una risa amarga subió por su garganta.- y ahora te preguntas que ha fallado, te das cuenta de que lo has preparado todo, ni siquiera te has olvidado de dibujar el círculo en el suelo para que no pueda moverme.- levantó un pie para ver el intrincado diseño grabado en la madera del suelo.- pero a pesar de todos tus esfuerzos no llegas a entender que ha salido mal.

La muchacha estaba poniendo toda su voluntad en no ceder a la tentación de escuchale, de permitirle a su voz hacerle el amor en los oidos. Se centró en recordar los que ponía en el libro que apretaba contra su cuerpo.

Aún permanecía sentada en el suelo, en el mismo punto en el que había aterrizado cuando la deflagración y la onda de calor que trajo consigo la aparición del muchacho la habían derribado.

- ¿sabes cual es tu problema?- preguntó mientras ponía un primer pie fuera del circulo de contención.- tu problema es que eres demasiado crédula, y en este negocio no nos mueve la fe, si no la ambición, aunque supongo que hoy en dia no solo en este particular.

Un miedo ciego la besaba en la nuca cuando salió por completo del hechizo dibujado en el suelo. Pero el instinto de supervivencia es mejor amante que el terror, asi que a cada paso que daba él hacía ella, ella se arrastraba huyendo de él. hasta que topó con una pared a su espalda, o un armario o lo que dios quisiera que fuera, pero que no la dejaba continuar.

Al llegar hasta ella se puso en cuclillas para poder observarla mejor, mirándola divertido, con las pupilas dilatadas por el pánico, hiperventilando, reducida a un animalillo asustado.

- Como te iba diciendo, la fe en quien te ha proporcionado ese libro te ha llevado a esta situación- extendió el brazo y cogió el libro, que se deslizó entre los brazos de ella como si no ejerciesen ninguna resistencia.- Estos viejos grimorios solo contienen mentiras, salvo alguna pequeña parte de verdad, una pequeña parte muy molesta, si he de serte sincero.

El libro se inflamó en su mano con unas llamas que parecían surgir del rencor que destilaba cada una de sus frases. Al par de segundos solo quedaron los remaches de hierro y un montón de cenizas que cayó al suelo como alguna suerte de nieve maldita. Se sacudió los restos de las manos y volvió a meterlas en los bolsillos.

- la cocina está abajo, ¿verdad?

Tuvo que tragar saliva antes de asentir. Sin entender la situación del todo oyó como él bajaba las escaleras desde la buhardilla hasta el piso de abajo. Oyó el tintineo de las botellas al abrirse la puerta de la nevera. Oyó cada paso en cada peldaño hasta que entró de nuevo a la buhardilla con dos latas de cerveza en las manos. Le tendió una. Pasaron un par de segundos hasta que supo que tenía que cogerla.

- Y bien niña, lo que ibas a pedir puedo imaginármelo, siempre es poder o inmortalidad, o las dos cosas, pero, ¿a quien querías invocar?

Esta vez no tardó tanto en contestar, aunque cuando lo hizo solo pudo ofrecer un susurro, en vez de una respuesta:

- Abigor

El muchacho que se había apoyado en una mesa y bebía de la lata solo enarcó una ceja antes de tomar aire y musitar, como en una letanía:

- Idiota. Si cuando aparecí yo te caiste al suelo, al venir Abigor habría explotado todo esto y reducido a un cráter humeante casi todo el barrio. Hay poderes fuera de toda graduación. Poderes que sólo pensar en desafiarlos ya resulta una locura.

Hablaba más para sí mismo que para la chica que por fin pareció reaccionar y se echó a llorar.

- Dios mio... ayúdame
- ¿Dios?- masculló apretando la lata. De un par de zancadas llego hasta ella y le habló a escasos centrímetros de la cara, con la mandíbula apretada.
- Es por Él que te está ocurriendo esto. Y por tu propia causa, claro. Eso es lo que odio de la Humanidad. Pecais, disfrutais de vuestros cuerpos y de la vida, cometéis todo tipo de excesos. Y cuando llega la hora de rendir cuentas nos culpáis a nosotros, como si os hubiéramos obligado a cometer todos esos actos horribles. Y lo hacéis para no admitir la debilidad de vuestra voluntad, por que de otro modo no soportaríais saber que sois los monstruos que queréis ver en nosotros. Diablos, demonios, ¡estupideces! decid más bien excusas - había enrojecido de la rabia que palpitaba en cada palabra, del odio que latía en cada silaba.- ¿Quieres hablar de Dios? pues sabe que Dios es un hijo de puta, que nos dejó creernos poseedores de una valentía y seguidores de una causa que creíamos justa, cuando fue justamente Él quien puso en nosotros ese falso orgullo. Piensalo, ¿hasta que punto nos rebelamos contra Él y hasta que punto lo tenía todo calculado? Permanecemos en el infierno por que creemos que es nuestra voluntad, nuestra forma de rechazar su tiránico amor, que no es otra cosa que egoísmo. pero ¿que sentido tiene si el hecho de rebelarse o no es cuestión de azar, que depende de su voluntad?- Se separo de ella un poco y bajo la mirada como avergonzado de haberse dejado llevar por un sentimiento tan humano como el odio.

Se dejó caer en el suelo, sentándose frente a ella.

- Nos creímos libres, héroes a nuestro modo. Pero solo éramos peones en un ajedrez al que juega solo. Ahora no somos nada.

Se puso en pie y se alisó la ropa. Ella que ya había dejado de llorar, le miraba ahora boquiabierta, intentando asimilar todo lo que había oido.

- Ahora he de irme.
- ¡Espera! Yo no quería poder, ni inmortalidad, solo era curiosidad, solo quería saber...- Pareció pensarselo un poco antes de decir lo siguiente.- Dime al menos tu nombre, para cuando quieras hablar, o necesites volver a desahogarte...
- ¡¿Qué te hace pensar que la próxima vez que me veas no será el día de tu muerte?! - la interrumpió - ¡¿ y qué estupidez es esa de que necesite desahogarme?!- Suspiró y trató de calmarse.- Si quisiera volver a hablar ya te buscaría yo. Aunque de todas formas... Bileto. Mi nombre es Bileto, el Buen Demonio. O eso dicen.

Sacó un móvil del bolsillo y marcó un número. solo dijo dos frases:

- Libro-puerta destruido. Vuelvo a casa.

Y salió por la puerta, aunque esta vez no oyó ni un solo paso, ni un escalón crujir, nada. Solo desapareció.

5 comentarios:

Banshee dijo...

Tu idea de un demonio que utilice tecnología humana me resulta, cuanto menos, graciosa y satisfactoria. Bileto tiene pinta de ser buen tío.

RaVeN dijo...

Yo esto lo conozco....
*-*

Me encantó en su momento, te lo dije...Y aun lo tengo guardado en mi disco duro, entre algunos escritos mas a los que tengo mucho aprecio.

La proxima vez, preséntanos a Abigor

JT dijo...

Da gusto leerte. Hace tiempo que no me paso a comentar y tengo los (cuenta)cuentos un poco abandonados, pero te sigo por el reader ;)

¡Muy bueno!

Bakea dijo...

te odio.muchísimo y lo sabes y sabes porque te odio.te odiaré mucho más y sabes que es verdad. no puedo evitarlo.solo espero que llegues a odiarme tanto como yo a ti

La Doncella de La Mandrágora dijo...

Me encanta! sobretodo esa sensación de atracción por las situaciones límite..... ¿ de que me es familiar eso? ...Besos señor.