miércoles, 21 de octubre de 2015

Hoy no he escrito nada nuevo

Hoy no he escrito nada nuevo.
No sabía sobre qué. He tratado de vomitar algo sobre un papel rimándome los dedos en la garganta, he tratado de inspirarme a sesenta euros el gramo de musa, he intentado tirar del ovillo que me aprieta contra el estómago y cuando he llegado al final del laberinto resulta que me había desmadejado por dentro.
Y me he parado a pensar, de qué escribimos siempre? Del anhelo antes del amor, de la felicidad durante el amor, del dolor después del amor. Amor, amor, amor. ¡Es ridículo! Tenemos más fe en el amor que en nosotros mismos y luego escribimos igual que amamos, con faltas de ortografía.
Pasamos demasiado tiempo soñando con una historia como la de Romeo y Julieta sin caer en la cuenta de que fue un romance de tres días y siete muertos. Pretendemos pasar tanto tiempo cuidando el uno del otro que no tenemos ni un segundo para mirar si lo que nos une son lazos o cadenas, o darnos cuenta si quiera de que estamos haciendo las cosas a la vez y no juntos; y por eso Mercuccio está muerto por culpa de dos niños imbéciles, más enamorados de una idea que de la otra persona.
Me he enfadado con mis cosas. Me he deshecho de todas ellas. He dejado la mesa tan vacía como me sentía por dentro yo para ver si al final yo me sentía tan limpio como había dejado la mesa por fuera.
Pero aún así no he escrito nada. De modo que ahora busco un bolígrafo que no deje de latir antes de que se acabe la historia y un cuaderno en el que escribir un cuento que no me deje tinta en los dedos cuando intento pasar página.


Hoy no he escrito nada nuevo.

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