No estaba seguro de aquello. Pensándolo en frío era una locura, un juego enfermo de una mente no mucho más sana. Pero aún así, releyó el letrero de la puerta y entró. Dra. M. Riaza. Psiquiatra infantil.
Llevaba la capa que le había dado Lago. Los saltos de sombra a sombra eran como acelerones en un túnel mal iluminado. Los bordes de su visión se difuminaban y algo tiraba de él hasta el siguiente punto que quería alcanzar. La recepcionista ni siquiera reparó en él cuando entró y en la sala de espera media docena de niños acompañados de sus madres le ignoraron como a una mota de polvo arrastrada por el aire. Otro salto en la sombra y estaba dentro del despacho.
Era hermosa. Lago se lo había dicho, pero tenía una forma peculiar de contar las cosas. Lo veía todo fragmentado y desproporcionado, una lente de aumento rota describiendo a un ciego el mundo.
La mujer consultaba unos expedientes con obstinado interés. Tenía el pelo recogido con unas gomas de colores. Sería solo dos o tres años mayor que él. Julián se descubrió y esperó que notara su presencia.
La doctora se sobresaltó. Echó la silla de despacho hacia atrás, pero controló el miedo.
- ¿Qué quieres?
Era una reacción interesante. Ante la sorpresa se esperaba un "¿Cómo has entrado?" o un "¿Quién eres?". Pero la primera era una información innecesaria y la segunda era irrelevante. Era un joven con una capa y una espada al cinto. Quizás el paciente de algún compañero de clínica o un animador contratado para alguna terapia. La mente analítica de la doctora expuso lo único que no podía extraer del entorno. Sus motivos.
- Es complicado. Necesito hablar contigo.
- ¿Sobre?
- Un amigo en común que necesita que le ayudes.
- No creo que compartamos círculos sociales, y de todos modos, si necesita mi ayuda que pida una cita como los demás. No me gusta otorgar tratos de favor entre mis pacientes.
- Me dijo que te llamaba Doncella Marga. Quizás te suene.
¿Qué era aquello, una broma? En su tesis doctoral contaba su fantasía con el ladrón de cosas bonitas, cómo de pequeña se obsesionó con un amigo invisible y un mundo irreal y la medida en que aquello definió después su vocación hacia el estudio de la mente infantil y la ayuda a aquellos que no conseguían superar el delirio. Alguien quería tomarle el pelo. Era nueva en la clínica y se esperaba alguna novatada, pero no se imaginaba algo tan personal. Molesta descolgó el auricular para que echaran a aquel payaso de su despacho. El chico sonrió resignado.
- Me dijo que no me creerías. La ciencia ha devorado la magia, ha dicho. Me dijo también que aún lo conserva.
- ¿El qué?
- Lo que te robó. No ha querido contarme qué era.
Aquello era extraño. Jamás contó a nadie esa parte. Obligó a su memoria a desenterrar los recuerdos sepultados por capas de autoconvencimiento, lógica y montones de no-pudo-ser-real. Hubo algo que produjo un chispazo en su cerebro. ¡La capa! Recordó el tacto de aquella tela. Sus ondulaciones, su color, idéntico al de la prenda que el chico llevaba sobre los hombros.
- Supón que te creo y en vez de llamar a seguridad y clavarte una aguja llena de ansiolíticos en el cuello, escucho lo que tienes que decir.
- El mundo se muere y él está buscando a alguien. Creo que lo de mundo le da igual, pero me dijo que me ayudaría a evitarlo si yo le ayudaba a encontrar a esa persona.
- De acuerdo, voy a pedir esa aguja.
No tuvo tiempo de marcar el primer número. Una enfermera irrumpió en su despacho visiblemente alterada.
- ¡Doctora, tiene que venir!¡Han entrado todos en shock!
El chico ya no estaba allí. Por un segundo pensó en la posibilidad de que se hubiera quedado dormida ante el ordenador, pero el ruido de la sala de espera le obligó a ponerse en movimiento. Ya pensaría en ello más tarde.
Los seis niños estaban en el suelo. Convulsionaban. Tenían los ojos en blanco y espuma en la boca, con las caritas contraídas por el dolor y los espasmos. No eran capaces de sujetarlos cuando sus espinas dorsarles se arquearon y de sus pechos brotó una voz grave y lejana.
- Llegará la hora en que los ocho ojos vean a la Luz y la reconozcan.
Y el ciclo girará otra vez y todo cambiará,
pues la lucha ha de dar nacimiento a El Último.
Los muros caerán y ya no habrá miedo.
Niña de Plata, busca la magia detrás de la luna.
Niña de Plata, despierta a La Araña.
Niña de Plata, mata este mundo.
Y la crisis cesó en todos los niños al tiempo. Una voz a su espalda llamó su atención.
- Esto me ahorra muchas horas tratando de convencerte. Lago querrá hablar contigo. Ha pasado mucho tiempo.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Antes tenía un nombre como el tuyo, pero he pasado mucho tiempo con él. Creo que he cambiado, que ahora soy algo más... Ahora me llamo Espada.
- Yo soy Marga.
- Lo sé. La Doncella Marga. Vámonos.
Y mientras La Araña dormía
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jueves, 13 de enero de 2011
martes, 26 de octubre de 2010
Ecclesia cathedralis dementiae
Las dos figuras entraron en el solar. Algunas paredes se mantenían el pie, a veces pertenecientes a la misma estructura, formando esquinas en las que los yonkis se refugiaban del gélido viento que azotaba el páramo. A medida que avanzaban, el número de aquellos despojos aumentaba. Hacia el centro, allí dónde se dirigían, una nave permanecía erguida. Las corrientes atravesaban el refugio de lado a lado por los agujeros en los tabiques. Una puerta corredera de chapa, oxidada y fuera de sus raíles era toda la protección que ofrecía la antigua construcción industrial.
Phobos y Julia entraron. El hedor era a duras penas soportable. Decenas de personas se amontonaban contra las paredes. Los murmullos febriles cubrían toda la estancia, cada uno en su propio tempo, como en una letanía o un mantra que descendía en espiral.
- Esto es una perdida de tiempo, -comenzó la muchacha- Aquí sólo hay yonkis y deficientes.
- Silencio niña -un escalofrío recorrió la columna de Julia. Phobos ni siquiera había levantado la voz- Son esquizofrénicos, autistas, savants, adictos destrozados por los alucinógenos... Y no dejan de venir aquí.
- Sigo sin ver por qué son importantes.
- Imagina que has visto durante toda tu vida la realidad a través del agujero de un pequeño caleidoscopio. -Phobos explicaba todo con calma. Bajaba a los detalles como un minucioso relojero y con paciencia contruía la imagen completa. Nunca le había visto enfadado. Por eso el pequeño hombre le parecía más siniestro- Y de repente el caleidoscopio cae y ves el verdadero funcionamiento de la realidad, en una amplitud hasta entonces desconocida. Cada pieza de color ahora encaja con el resto. Y comprendes.
Julia no comprendía en absoluto, pero juzgó más sensato callar. Phobos recorría a cada uno de los pobres diablos escrutando sus almas, si es que los opiaceos no habían abierto ya un agujero en ella. Estaban más inquietos desde que entraron en la nave. Sus sinsentidos crecían en volumen e intensidad, en una cacofonía de desesperación que obligó a la muchacha a taparse los oidos.
Un hombre se incorporó, hablándo más alto que nadie a su arrededor. Primero una voz trémula, temblorosa por el frío y los espasmos, después más firme, cuando el resto de locos abandonaron sus lamentos y sumaron sus gargantas a la figura que se había levantado.
Destellos de color y oro lo envolvían. Los dedos de sus pies apenas rozaban el suelo. El resplandor le elevó y sus palabras vibraron en sus pechos.
- Llegará la hora en que los ocho ojos vean a la Luz y la reconozcan.
Y el ciclo girará otra vez y todo cambiará,
pues la lucha ha de dar nacimiento a El Último.
Los muros caerán y ya no habrá miedo.
Niña de Plata, busca la magia detrás de la luna.
Niña de Plata, despierta a La Araña.
Niña de Plata, mata este mundo.
El cuerpo del hombre cayó desmadejado al suelo. Todos guardaron silencio. Phobos se dio la vuelta y con una mano en la espalda de la chica la encaminó hacía la puerta desvencijada.
- Sal de aquí. Llama al obispo y cuéntale lo que has visto. ¿Recordarás las palabras, Julia?
- S...si -Phobos no era la mejor compañía, pero prefería tenerle consigo para salir de allí- ¿Y tú?
- Aún me queda algo por hacer aquí. Ve, y a partir de ahora tápate los oidos hasta que llegues al coche. Que duermas bien.
La empujó suavemente del codo con una mano y con la otra arrastró la media tonelada de óxido y metal de la puerta hasta bloquear la entrada y dejarla al otro lado. Julia dudó un momento antes de echar a correr en dirección al audi de Phobos. Lamentó no haberse cambiado de ropa desde el despacho. Los tacones entorpecían sus pasos entre los charcos y guijarros. Se había tapado los oidos, tal y como el pequeño hombrecillo siniestro le había indicado.
Pero aún así no sirvió de nada.
Los gritos y aullidos de pánico se clavaron en su cabeza hasta la nausea. No tuvo fuerzas ni de mirar atrás. Al entrar en el coche se echó a llorar. No sería capaz de pegar ojo esa noche.
Y mientras La Araña dormía.
Phobos y Julia entraron. El hedor era a duras penas soportable. Decenas de personas se amontonaban contra las paredes. Los murmullos febriles cubrían toda la estancia, cada uno en su propio tempo, como en una letanía o un mantra que descendía en espiral.
- Esto es una perdida de tiempo, -comenzó la muchacha- Aquí sólo hay yonkis y deficientes.
- Silencio niña -un escalofrío recorrió la columna de Julia. Phobos ni siquiera había levantado la voz- Son esquizofrénicos, autistas, savants, adictos destrozados por los alucinógenos... Y no dejan de venir aquí.
- Sigo sin ver por qué son importantes.
- Imagina que has visto durante toda tu vida la realidad a través del agujero de un pequeño caleidoscopio. -Phobos explicaba todo con calma. Bajaba a los detalles como un minucioso relojero y con paciencia contruía la imagen completa. Nunca le había visto enfadado. Por eso el pequeño hombre le parecía más siniestro- Y de repente el caleidoscopio cae y ves el verdadero funcionamiento de la realidad, en una amplitud hasta entonces desconocida. Cada pieza de color ahora encaja con el resto. Y comprendes.
Julia no comprendía en absoluto, pero juzgó más sensato callar. Phobos recorría a cada uno de los pobres diablos escrutando sus almas, si es que los opiaceos no habían abierto ya un agujero en ella. Estaban más inquietos desde que entraron en la nave. Sus sinsentidos crecían en volumen e intensidad, en una cacofonía de desesperación que obligó a la muchacha a taparse los oidos.
Un hombre se incorporó, hablándo más alto que nadie a su arrededor. Primero una voz trémula, temblorosa por el frío y los espasmos, después más firme, cuando el resto de locos abandonaron sus lamentos y sumaron sus gargantas a la figura que se había levantado.
Destellos de color y oro lo envolvían. Los dedos de sus pies apenas rozaban el suelo. El resplandor le elevó y sus palabras vibraron en sus pechos.
- Llegará la hora en que los ocho ojos vean a la Luz y la reconozcan.
Y el ciclo girará otra vez y todo cambiará,
pues la lucha ha de dar nacimiento a El Último.
Los muros caerán y ya no habrá miedo.
Niña de Plata, busca la magia detrás de la luna.
Niña de Plata, despierta a La Araña.
Niña de Plata, mata este mundo.
El cuerpo del hombre cayó desmadejado al suelo. Todos guardaron silencio. Phobos se dio la vuelta y con una mano en la espalda de la chica la encaminó hacía la puerta desvencijada.
- Sal de aquí. Llama al obispo y cuéntale lo que has visto. ¿Recordarás las palabras, Julia?
- S...si -Phobos no era la mejor compañía, pero prefería tenerle consigo para salir de allí- ¿Y tú?
- Aún me queda algo por hacer aquí. Ve, y a partir de ahora tápate los oidos hasta que llegues al coche. Que duermas bien.
La empujó suavemente del codo con una mano y con la otra arrastró la media tonelada de óxido y metal de la puerta hasta bloquear la entrada y dejarla al otro lado. Julia dudó un momento antes de echar a correr en dirección al audi de Phobos. Lamentó no haberse cambiado de ropa desde el despacho. Los tacones entorpecían sus pasos entre los charcos y guijarros. Se había tapado los oidos, tal y como el pequeño hombrecillo siniestro le había indicado.
Pero aún así no sirvió de nada.
Los gritos y aullidos de pánico se clavaron en su cabeza hasta la nausea. No tuvo fuerzas ni de mirar atrás. Al entrar en el coche se echó a llorar. No sería capaz de pegar ojo esa noche.
Y mientras La Araña dormía.
viernes, 15 de octubre de 2010
Colores
Avanzó despacio, arrastrando la enorme espada de madera tras de sí. La estructura de la pequeña ermita devolvía magnificado el sonido de sus pisadas y del repiqueteo de su arma contra las juntas de las losas del suelo. Llegó hasta el altar, se encaró hacia la puerta y elevó la vista. Allí estaba. La vidriera.
- Has tardado mucho. Hace bastante que empezaron las señales. El tiempo es un lujo que no tenemos.
El sacristán guardó silencio, esperando a ver el efecto del reproche en el niño con la espada de madera. Aunque esperó en vano. El crío seguía contemplando las piezas de cristal de color. Apenas se alejaban de la gama más básica. Algún ocre, algo de púrpura, todo en un tono tan apagado que ni la exhaustiva limpieza y el sol de mediodía conseguían hacerla brillar.
- Tenemos que empezar a movernos. Encontrar al resto te devolverá los recuerdos que aún no hayan vuelto. -El sacerdote dio un paso adelante- Es una lástima que hayas despertado aún siendo un niño.
- Estás equivocado. -El muchacho llevó la mano a la empuñadura de su espada- Lo prefiero. Veo con más claridad. Mi alma está ahora más cerca de la Araña que nunca.
Sostuvo la espada empuñándola con las dos manos, con la punta dirigida a la vidriera. Con metódico movimientos trazó una serie de rectas en el aire, como si dibujara un símbolo en un lienzo que sólo él veía. Un sonido vibrante inundó la capilla, como si una cuerda demasiado tensa se rompiera y cruzara la estancia liberando un latigazo.
Y el ambiente trepidó, sacudido por una presión repentina. La vidriera había cambiado. Ahora resplandecía con colores nuevos, inventados por la mente de un niño, traídos de otras realidades, desveladas nuevas frecuencias de onda. Era hermoso en positivo, a niveles para los que eran necesarios nuevas palabras que aún no se conocían.
- Ahora el mundo tiene doce colores básicos, y de paso una nueva especie de mariposas.- El niño dudó un momento- ... Aunque creo que en el proceso he vuelto venenosas un par de plantas en Canadá.
El párroco no pudo articular palabra. Era más que evidente que aquel crío era quien decía ser: El mejor agente de la araña y la única esperanza del mundo. Sacudió la cabeza y tras un último vistazo a la refulgente cristalera entró de nuevo en la sacristía. Aún había mucho trabajo por hacer.
Y mientras la Araña dormía
- Has tardado mucho. Hace bastante que empezaron las señales. El tiempo es un lujo que no tenemos.
El sacristán guardó silencio, esperando a ver el efecto del reproche en el niño con la espada de madera. Aunque esperó en vano. El crío seguía contemplando las piezas de cristal de color. Apenas se alejaban de la gama más básica. Algún ocre, algo de púrpura, todo en un tono tan apagado que ni la exhaustiva limpieza y el sol de mediodía conseguían hacerla brillar.
- Tenemos que empezar a movernos. Encontrar al resto te devolverá los recuerdos que aún no hayan vuelto. -El sacerdote dio un paso adelante- Es una lástima que hayas despertado aún siendo un niño.
- Estás equivocado. -El muchacho llevó la mano a la empuñadura de su espada- Lo prefiero. Veo con más claridad. Mi alma está ahora más cerca de la Araña que nunca.
Sostuvo la espada empuñándola con las dos manos, con la punta dirigida a la vidriera. Con metódico movimientos trazó una serie de rectas en el aire, como si dibujara un símbolo en un lienzo que sólo él veía. Un sonido vibrante inundó la capilla, como si una cuerda demasiado tensa se rompiera y cruzara la estancia liberando un latigazo.
Y el ambiente trepidó, sacudido por una presión repentina. La vidriera había cambiado. Ahora resplandecía con colores nuevos, inventados por la mente de un niño, traídos de otras realidades, desveladas nuevas frecuencias de onda. Era hermoso en positivo, a niveles para los que eran necesarios nuevas palabras que aún no se conocían.
- Ahora el mundo tiene doce colores básicos, y de paso una nueva especie de mariposas.- El niño dudó un momento- ... Aunque creo que en el proceso he vuelto venenosas un par de plantas en Canadá.
El párroco no pudo articular palabra. Era más que evidente que aquel crío era quien decía ser: El mejor agente de la araña y la única esperanza del mundo. Sacudió la cabeza y tras un último vistazo a la refulgente cristalera entró de nuevo en la sacristía. Aún había mucho trabajo por hacer.
Y mientras la Araña dormía
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martes, 22 de junio de 2010
Cinco minutos más
Se revolvió intranquila. Había un ruido de fondo, muy suave, que no podía distinguir. Tenía la sensación de que la buscaban. Había algo que debía hacer. Importante, urgente... o quizás no tanto, no lo recordaba. Cinco minutos más. Cinco minutos del agradable calor, cinco minutos de la confortante ignorancia, cinco minutos de la terca pesadez de sus párpados. Sólo cinco minutos más. Y así la Araña dormía.
martes, 8 de junio de 2010
Los hilos de la realidad
El niño se movía siguiendo un complejo método. Después de asestar cada estocada con su espada de madera se incorporaba, inspeccionaba su entorno y tras meditar unos instantes se acercaba con pasos lentos a otro punto del parque y descargaba toda la fuerza de sus brazos en un mandoblazo contra el aire.
Un joven se le acercó. En realidad solo trataba de impresionar a su amiga con su buena mano con los niños. Habían acudido juntos al parque con el sobrino de ella, un crío tímido y fantasioso. Se le ocurrió que ganaría muchos puntos si conseguía que el niño jugara con otros chavales, además de procurarse un tiempo a solas con la chica.
-¡Tío, esa espada se sale! -Le habló comoa otro de sus colegas. recordaba lo odioso que es que te hablen como a un crío cuando no eres más que eso.- ¿A qué estás jugando?
El muchacho le miró de soslayo, como si acabara de interrumpir una conversación privada, o hubiera dicho una impertinencia.
- Esto no es ningún juego.
- Vaya, si que te lo tomas en serio. - caviló un momento.- Vale. Entonces, ¿qué eres?¿Un gladiador, un mosquetero...?
De nuevo le miró, aunque esta vez resignado.
- A pesar de que presiento que no va a valer de nada voy a explicártelo. -Hizo un gesto amplio con la espada que abarcó todo el parque.- ¿Qué ves?
- Un parque.
- ¿Sólo?
- Bueno, veo personas, perros, árboles, otros animales, un par de bicis.
- ¿Y qué estás respirando?
- Aire
- Pero no lo ves. Y sin embargo está. Bien, pues igual que el aire, hay otras cosas que no se ven, pero que también están.
- No me digas, estás rompiendo átomos con tu espada de madera. -De pronto aquel niño no le pareció tan buen compañero de juegos para el sobrino de su amiga.
- No los átomos, sino lo que les da sentido. De nuevo, mira a tu alrededor. Todo lo que ves, toda esa materia esta formada por estructuras de átomos. Y hay algo que las mantiene adheridas y en funcionamiento.
- ¿Las leyes de la física? -estaba cada vez más perplejo.
- No. Los hilos de la realidad. Tus leyes son la consecuencia de ellos. Algunos son solo puntadas para evitar que todo se desmorone, pero otros son más complejos, como poleas y engranajes.
- Así que rompiendolos podrías lograr...
- Convertir ese estanque en mercurio, que el cemento fuese menos denso que el aire o convertirte en un charco de pulpa que me mire desde el suelo con indefensión.
- Claro, ya, seguro. -Ya estaba totalmente convencido de que el niño era algún tipo de psicópata, así que murmuró una excusa si volvió al banco donde esperaba su amiga.
Compuso una cara entre la resignación y el fastidio y se preparó para explicarle que aquel crío estaba chalado, pero algo hizo que se detuviera de pronto. Con el último golpe del niño el cielo se volvió verde. Y mientras, la Araña dormía.
Un joven se le acercó. En realidad solo trataba de impresionar a su amiga con su buena mano con los niños. Habían acudido juntos al parque con el sobrino de ella, un crío tímido y fantasioso. Se le ocurrió que ganaría muchos puntos si conseguía que el niño jugara con otros chavales, además de procurarse un tiempo a solas con la chica.
-¡Tío, esa espada se sale! -Le habló comoa otro de sus colegas. recordaba lo odioso que es que te hablen como a un crío cuando no eres más que eso.- ¿A qué estás jugando?
El muchacho le miró de soslayo, como si acabara de interrumpir una conversación privada, o hubiera dicho una impertinencia.
- Esto no es ningún juego.
- Vaya, si que te lo tomas en serio. - caviló un momento.- Vale. Entonces, ¿qué eres?¿Un gladiador, un mosquetero...?
De nuevo le miró, aunque esta vez resignado.
- A pesar de que presiento que no va a valer de nada voy a explicártelo. -Hizo un gesto amplio con la espada que abarcó todo el parque.- ¿Qué ves?
- Un parque.
- ¿Sólo?
- Bueno, veo personas, perros, árboles, otros animales, un par de bicis.
- ¿Y qué estás respirando?
- Aire
- Pero no lo ves. Y sin embargo está. Bien, pues igual que el aire, hay otras cosas que no se ven, pero que también están.
- No me digas, estás rompiendo átomos con tu espada de madera. -De pronto aquel niño no le pareció tan buen compañero de juegos para el sobrino de su amiga.
- No los átomos, sino lo que les da sentido. De nuevo, mira a tu alrededor. Todo lo que ves, toda esa materia esta formada por estructuras de átomos. Y hay algo que las mantiene adheridas y en funcionamiento.
- ¿Las leyes de la física? -estaba cada vez más perplejo.
- No. Los hilos de la realidad. Tus leyes son la consecuencia de ellos. Algunos son solo puntadas para evitar que todo se desmorone, pero otros son más complejos, como poleas y engranajes.
- Así que rompiendolos podrías lograr...
- Convertir ese estanque en mercurio, que el cemento fuese menos denso que el aire o convertirte en un charco de pulpa que me mire desde el suelo con indefensión.
- Claro, ya, seguro. -Ya estaba totalmente convencido de que el niño era algún tipo de psicópata, así que murmuró una excusa si volvió al banco donde esperaba su amiga.
Compuso una cara entre la resignación y el fastidio y se preparó para explicarle que aquel crío estaba chalado, pero algo hizo que se detuviera de pronto. Con el último golpe del niño el cielo se volvió verde. Y mientras, la Araña dormía.
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martes, 1 de junio de 2010
La Luz Mentirosa
Tomó la ciudad en un solo día, antes de que nadie tuviera tiempo de reaccionar, de pensar, de oponerse.
Empezó con un agujero en el centro de la ciudad, de unos diez metros de radio, profundo como un pozo. Las autoridades locales, perplejas en un primer momento, acordonaron la zona, impidiendo al tráfico y los curiosos acercarse.
Los expertos llegaron. El perímetro era una circunferencia perfecta, así que se descartaba el derrumbe. No había cascotes por ningún lado, asique también cualquier tipo de explosión.
En el fondo reposaba un líquido negro. Agua, tal vez, aunque era difícil de precisar a esa profundidad. La superficie permanecía en calma y como un espejo, devolvía la imagen de aquellos primeros hombres que decidieron asomarse.
Y el reflejo los cambió. En aquella oscuridad se vieron poseyendo el anhelo de sus corazones. Vieron poder, fuerza y éxito. Se vieron despertando pasiones, líderes entre sus iguales, se vieron elevados a dioses.
Al percatarse del ensimismamiento de los peritos, los policías acudieron a ver y quedaron prendados con el futuro que la herida abierta en la ciudad ofrecía. Sin autoridad que la contuviera, la masa avanzó hacia el agujero. Soñaron maravillas. Multitudes se agolpaban en el borde. Muchos cayeron pero sus cadaveres no consiguieron enturbiar las fascinaciones de los demás.
Y entonces llegó, como el alma del mismo sol, la Luz. Les prometió que si la seguían lograrían arrancar de la oscuridad de sus vidas sus propósitos más elevados, como habían obtenido la visión de la penumbra de aquel pozo. Les juró reconfortarlos del frío de la soledad y protegerlos de los monstruos que habitan en los recovecos del miedo.
Pero era la Luz Mentirosa y se quedó con sus mentes y sus corazones. Tendió hilos a su voluntad y los convirtió en marionetas de sus caprichos. La Luz Mentirosa había tomado la ciudad en un solo día. Y mientras, la Araña dormía.
Empezó con un agujero en el centro de la ciudad, de unos diez metros de radio, profundo como un pozo. Las autoridades locales, perplejas en un primer momento, acordonaron la zona, impidiendo al tráfico y los curiosos acercarse.
Los expertos llegaron. El perímetro era una circunferencia perfecta, así que se descartaba el derrumbe. No había cascotes por ningún lado, asique también cualquier tipo de explosión.
En el fondo reposaba un líquido negro. Agua, tal vez, aunque era difícil de precisar a esa profundidad. La superficie permanecía en calma y como un espejo, devolvía la imagen de aquellos primeros hombres que decidieron asomarse.
Y el reflejo los cambió. En aquella oscuridad se vieron poseyendo el anhelo de sus corazones. Vieron poder, fuerza y éxito. Se vieron despertando pasiones, líderes entre sus iguales, se vieron elevados a dioses.
Al percatarse del ensimismamiento de los peritos, los policías acudieron a ver y quedaron prendados con el futuro que la herida abierta en la ciudad ofrecía. Sin autoridad que la contuviera, la masa avanzó hacia el agujero. Soñaron maravillas. Multitudes se agolpaban en el borde. Muchos cayeron pero sus cadaveres no consiguieron enturbiar las fascinaciones de los demás.
Y entonces llegó, como el alma del mismo sol, la Luz. Les prometió que si la seguían lograrían arrancar de la oscuridad de sus vidas sus propósitos más elevados, como habían obtenido la visión de la penumbra de aquel pozo. Les juró reconfortarlos del frío de la soledad y protegerlos de los monstruos que habitan en los recovecos del miedo.
Pero era la Luz Mentirosa y se quedó con sus mentes y sus corazones. Tendió hilos a su voluntad y los convirtió en marionetas de sus caprichos. La Luz Mentirosa había tomado la ciudad en un solo día. Y mientras, la Araña dormía.
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martes, 20 de octubre de 2009
Máscaras
El coche entró derrapando por la curva, esquivando a duras penas el resto de vehículos. Por detrás de ellos dos coches patrulla avanzaban en zig zag entre el tráfico, intentando dar alcance al sedán oscuro con matrículas falsas que había salido huyendo del atraco a la joyería.
- ¡Acelera! La parte difícil era hacerse con las gemas, ¡Esto tendría que ser lo fácil!
- Cállate.
El piloto era un hombre rubio, en la treintena, que manejaba el volante agarrándolo con dos enormes manos y la mandíbula apretada. Su acompañante era un tipo delgado, muy engominado y con un ridículo bigotito de rata. Llevaba una caja negra abrazada contra el pecho y no hacía más que gritar al conductor
- Si no llegamos a tiempo estar detenidos será el menor de nuestros problemas. ¡Tenemos que entregar las gemas hoy!
- Cállate
Los destellos de las sirenas ya eran visibles en los retrovisores. El conductor resopló cuando por su izquierda se incorporó a la calle principal otro par de oches de policía. -¡Gira! -chilló el hombrecillo
- ¡A la derecha!¡Métete en el Grand Park!
- Pero..
-¡HAZLO!
Con un volantazo los ladrones esquivaron la embestida de una de las patrullas, saltaron un bordillo y continuaron su carrera através del cesped de Grand Park, una enorme extensión arbolada en el corazón de la ciudad. El rugido del motor atravesó los primeros cientos de metros de cesped antes de que los policías tuvieran tiempo de corregir la dirección.
Era una jugada arriesgada. a medida que se avanzaba hacia el interior el bosque se cerraba más, era cuestión de tiempo que al conductor le fallaran los reflejos y se estrellaran. Pronto tres patrullas los alcanzó. El primer coche de policía se colocó justo detrás ellos. El copiloto se revolvía en su asiento, mientras que el conductor seguía resoplando.
- ¿Y ahora qué?
El hombre del bigote de rata no respondió, solo empezó a rebuscar en sus bolsillos con nerviosismo. Sacó un puñado de algo pequeño y redondeado, como canicas. Abrió su puerta un par de centímetros y las fue dejando caer,una por una.
Los oficiales de policía que participaron en lapersecución de los atracadores de la joyería jamás se explicaron que pasó aquella tarde. iban a toda velocidad tras los sospechosos, atravesando Grand Park, cuando de repente todos se fueron estrellando contra árboles que un segundo antes no estaban allí. Un novato llegó a afirmar que árboles enteros surgieron de explosiones desde el suelo. Lo achacaron a la conmoción por la colisión, pero más de uno pensó que esa teoría explicaría como uno de los coches patrulla pudo acabar sobre la copa de uno de los árboles.
- ¡JA! ¡Soy un genio! ¡Por cosas como estas yo soy el cerebro de la banda y tu solo la fuerza bruta!
- Cállate. Aún no hemos salido del parque. Y hay algo que no me gusta.
La pareja había abandonado el coche en el interior del bosque y decidieron salir a pie por el otro lado, como dos paseantes normales, coger un taxi y acudir a la entrega de las gemas. Pero el enorme hombre rubio tenía razón. Ya habían caminado lo suficiente como para haber alcanzado el otro extremo de Grand Park, pero a medida que transcurría el tiempo la vegetación e cerraba más y más sobre sus cabezas.
Cuando por fin encontraron un claro hacía mucho tiempo que habían asumido que estaban irremediablemente perdidos. aunque no sintieron el verdadero peligro hasta que escucharon aquellas risas entre el ramaje.
Echaron a correr huyendo del claro, pero eso solo empeoró las cosas. La vegetación se hacía más frondosa a cada zancada y pronto estuvieron competamente atrapados entre ramas, hiedras y zarzas. Las voces parecían venir de todos los rincones del bosque.
- Orco y goblin, no sois bien recibidos
- Habeis pisado un suelo que os está prohibido
- No insulteis nuestra percepción, Quitaos la máscara.
Ambos hombres parecía aterrados. Cuando se cansaron de forcejear agacharon la cabeza derrotados. Algo en su aspecto cambió, como si una gasa se descubriera sobre su figura, desvelando su verdadera apariencia. Lo que permanecía atrapado entre los árboles ya no era humano.
El hombre rubio había dado paso a un ser de piel verde oscura, de enormes y potentes brazos que de poco le valía para escapar. Su rostro bestial estaba congelado en una mueca entre la furia y el miedo. El pequeño había relajado el cuerpo.una gran nariz aguileña remataba un rostro de facciones angulosas, de ojos pequeños y mejillas huesudas y prominentes. fue el primero en hablar.
-¿Qué quereis?
-Primero, las semillas de Jack que llevais encima son ahora nuestras.
- Y dependiendo del valor de las gemas que habeis robado, nos pensaremos si dejaros marchar con un escarmiento y un mensaje.
- ¿Podemos votar por la opción del escarmiento y el mensaje?- sollozó el orco.
Una figura femenina salió de entre los bosques. era joven, hermosa y en su mirada brillaba una determinación salvaje.
- Grand Park es el hogar de los elfos de Eleyse. Que nadie nos moleste, o aquel que entre aquí no volverá a salir.
El goblin suspiró.
-Estamos jodidos.
- ¡Acelera! La parte difícil era hacerse con las gemas, ¡Esto tendría que ser lo fácil!
- Cállate.
El piloto era un hombre rubio, en la treintena, que manejaba el volante agarrándolo con dos enormes manos y la mandíbula apretada. Su acompañante era un tipo delgado, muy engominado y con un ridículo bigotito de rata. Llevaba una caja negra abrazada contra el pecho y no hacía más que gritar al conductor
- Si no llegamos a tiempo estar detenidos será el menor de nuestros problemas. ¡Tenemos que entregar las gemas hoy!
- Cállate
Los destellos de las sirenas ya eran visibles en los retrovisores. El conductor resopló cuando por su izquierda se incorporó a la calle principal otro par de oches de policía. -¡Gira! -chilló el hombrecillo
- ¡A la derecha!¡Métete en el Grand Park!
- Pero..
-¡HAZLO!
Con un volantazo los ladrones esquivaron la embestida de una de las patrullas, saltaron un bordillo y continuaron su carrera através del cesped de Grand Park, una enorme extensión arbolada en el corazón de la ciudad. El rugido del motor atravesó los primeros cientos de metros de cesped antes de que los policías tuvieran tiempo de corregir la dirección.
Era una jugada arriesgada. a medida que se avanzaba hacia el interior el bosque se cerraba más, era cuestión de tiempo que al conductor le fallaran los reflejos y se estrellaran. Pronto tres patrullas los alcanzó. El primer coche de policía se colocó justo detrás ellos. El copiloto se revolvía en su asiento, mientras que el conductor seguía resoplando.
- ¿Y ahora qué?
El hombre del bigote de rata no respondió, solo empezó a rebuscar en sus bolsillos con nerviosismo. Sacó un puñado de algo pequeño y redondeado, como canicas. Abrió su puerta un par de centímetros y las fue dejando caer,una por una.
Los oficiales de policía que participaron en lapersecución de los atracadores de la joyería jamás se explicaron que pasó aquella tarde. iban a toda velocidad tras los sospechosos, atravesando Grand Park, cuando de repente todos se fueron estrellando contra árboles que un segundo antes no estaban allí. Un novato llegó a afirmar que árboles enteros surgieron de explosiones desde el suelo. Lo achacaron a la conmoción por la colisión, pero más de uno pensó que esa teoría explicaría como uno de los coches patrulla pudo acabar sobre la copa de uno de los árboles.
- ¡JA! ¡Soy un genio! ¡Por cosas como estas yo soy el cerebro de la banda y tu solo la fuerza bruta!
- Cállate. Aún no hemos salido del parque. Y hay algo que no me gusta.
La pareja había abandonado el coche en el interior del bosque y decidieron salir a pie por el otro lado, como dos paseantes normales, coger un taxi y acudir a la entrega de las gemas. Pero el enorme hombre rubio tenía razón. Ya habían caminado lo suficiente como para haber alcanzado el otro extremo de Grand Park, pero a medida que transcurría el tiempo la vegetación e cerraba más y más sobre sus cabezas.
Cuando por fin encontraron un claro hacía mucho tiempo que habían asumido que estaban irremediablemente perdidos. aunque no sintieron el verdadero peligro hasta que escucharon aquellas risas entre el ramaje.
Echaron a correr huyendo del claro, pero eso solo empeoró las cosas. La vegetación se hacía más frondosa a cada zancada y pronto estuvieron competamente atrapados entre ramas, hiedras y zarzas. Las voces parecían venir de todos los rincones del bosque.
- Orco y goblin, no sois bien recibidos
- Habeis pisado un suelo que os está prohibido
- No insulteis nuestra percepción, Quitaos la máscara.
Ambos hombres parecía aterrados. Cuando se cansaron de forcejear agacharon la cabeza derrotados. Algo en su aspecto cambió, como si una gasa se descubriera sobre su figura, desvelando su verdadera apariencia. Lo que permanecía atrapado entre los árboles ya no era humano.
El hombre rubio había dado paso a un ser de piel verde oscura, de enormes y potentes brazos que de poco le valía para escapar. Su rostro bestial estaba congelado en una mueca entre la furia y el miedo. El pequeño había relajado el cuerpo.una gran nariz aguileña remataba un rostro de facciones angulosas, de ojos pequeños y mejillas huesudas y prominentes. fue el primero en hablar.
-¿Qué quereis?
-Primero, las semillas de Jack que llevais encima son ahora nuestras.
- Y dependiendo del valor de las gemas que habeis robado, nos pensaremos si dejaros marchar con un escarmiento y un mensaje.
- ¿Podemos votar por la opción del escarmiento y el mensaje?- sollozó el orco.
Una figura femenina salió de entre los bosques. era joven, hermosa y en su mirada brillaba una determinación salvaje.
- Grand Park es el hogar de los elfos de Eleyse. Que nadie nos moleste, o aquel que entre aquí no volverá a salir.
El goblin suspiró.
-Estamos jodidos.
viernes, 2 de octubre de 2009
Un mal sueño
Se despertó alterado, sin resuello, sudando. Esta vez no había sido como antes. Tenía una extraña sensación. Ya había tenido pesadillas antes, pero esta vez sentía que la de esa noche no era para él, que no le pertenecía. El recuerdo de la caída desde el acantilado aún latía en sus sienes y casi podía escuchar el rumor de las olas, pero no le asfixiaba la angustia de sus pesadillas sobre perros y sabía que no le costaría tanto volverse a dormir.
A la mañana siguiente desayunó sin ganas, el mismo café aguado de siempre. Bajó a trompicones las escaleras sin siquiera mirar a esa vecina que tanto le gustaba y que le sonreía mirándole interesada. Llegó al trabajo sin saber por que seguía sacrificándose, sin saber para que luchaba día a día, sin saber que le hacía vivir.
Pasando olímpicamente de los informes que tenía pendientes de cargar de tinta y avaricia, entró en Internet distraído, hasta que algo hizo que su cerebro volviera a un nivel de actividad aceptable para considerarlo un ser vivo:
¡ME HAN ROBADO MIS SUEÑOS! NO SE COMO EXPLICARLO, PERO DESDE HACE UN PAR DE DIAS TODAS MIS ILUSIONES HAN DESAPARECIDO. ESTABA AHORRANDO PARA UNA NUEVA CASA, MAS GRANDE, POR QUE MI MUJER Y YO ESTAMOS ESPERANDO UN HIJO, PERO AHORA TODO POR LO QUE VIVÍA HA PERDIDO SU VALOR. POR LAS NOCHES NO PUEDO DORMIR, ME ASALTAN LOS SUEÑOS DE OTROS. ES UNA SENSACIÓN HORRIBLE. SI HAY ALGUIEN MAS EN MI SITUACIÓN, POR FAVOR, TENEMOS QUE HABLAR E INTENTAR PONERLE REMEDIO A ESTO
Siguió buscando anuncios similares hasta que contó una veintena de casos similares y escribió a cada uno de ellos. Ofrecía su casa como punto de reunión para un primer encuentro. Quizás poniendo en común cada una de sus experiencias lograrían encontrarle algún sentido. En un par de días ya estaba todo arreglado.
Poco a poco terminaron de llegar todos. Eran 27. Una breve presentación y un listado de los sueños que tenían antes y los que tenían ahora. Sus pesadillas martirizaban ahora a una anciana que vivía sola con sus tres mastines. Sonrío para sus adentros de la ironía. Pero no todos encontraron sus sueños en los demás, ni tampoco a quien pertenecían los que se alojaban en sus subconscientes ahora.
Acordaron verse más veces para saber como evolucionaba el asunto. Las reuniones eran cada vez más frecuentes sin que nada cambiara, salvo que cada vez eran más gente. Según pasaba el tiempo conocían mejor a la persona cuyos sueños tenían ahora, como una segunda personalidad. Una adolescente dejo de acudir cuando sus sueños aparecieron en un obeso cuarentón que la miraba con lascivia. Alguien hecho en cara De otro alguien la obscenidad de sus sueños. Cada noche seguía saltando al vacío y aquellas reuniones no solucionaban nada. Anunció que ya no celebrarían más en su casa. Los ánimos se crisparon un poco más cuando un joven se suicidó al no soportar las pesadillas ajenas que violaban sus noches.
Dejó pasar el tiempo. Sabía que algunos seguían teniendo aquellas estúpidas reuniones, incluso que un par de ellos lograron recuperar sus sueños. Pero eso a el ya no le valía. Ya no quería sólo sus sueños, quería una explicación. Quería saber el porque había ocurrido todo eso. Quitó la tele, apagó la luz y se dispuso a saltar otra vez.
A la mañana siguiente desayunó sin ganas, el mismo café aguado de siempre. Bajó a trompicones las escaleras sin siquiera mirar a esa vecina que tanto le gustaba y que le sonreía mirándole interesada. Llegó al trabajo sin saber por que seguía sacrificándose, sin saber para que luchaba día a día, sin saber que le hacía vivir.
Pasando olímpicamente de los informes que tenía pendientes de cargar de tinta y avaricia, entró en Internet distraído, hasta que algo hizo que su cerebro volviera a un nivel de actividad aceptable para considerarlo un ser vivo:
¡ME HAN ROBADO MIS SUEÑOS! NO SE COMO EXPLICARLO, PERO DESDE HACE UN PAR DE DIAS TODAS MIS ILUSIONES HAN DESAPARECIDO. ESTABA AHORRANDO PARA UNA NUEVA CASA, MAS GRANDE, POR QUE MI MUJER Y YO ESTAMOS ESPERANDO UN HIJO, PERO AHORA TODO POR LO QUE VIVÍA HA PERDIDO SU VALOR. POR LAS NOCHES NO PUEDO DORMIR, ME ASALTAN LOS SUEÑOS DE OTROS. ES UNA SENSACIÓN HORRIBLE. SI HAY ALGUIEN MAS EN MI SITUACIÓN, POR FAVOR, TENEMOS QUE HABLAR E INTENTAR PONERLE REMEDIO A ESTO
Siguió buscando anuncios similares hasta que contó una veintena de casos similares y escribió a cada uno de ellos. Ofrecía su casa como punto de reunión para un primer encuentro. Quizás poniendo en común cada una de sus experiencias lograrían encontrarle algún sentido. En un par de días ya estaba todo arreglado.
Poco a poco terminaron de llegar todos. Eran 27. Una breve presentación y un listado de los sueños que tenían antes y los que tenían ahora. Sus pesadillas martirizaban ahora a una anciana que vivía sola con sus tres mastines. Sonrío para sus adentros de la ironía. Pero no todos encontraron sus sueños en los demás, ni tampoco a quien pertenecían los que se alojaban en sus subconscientes ahora.
Acordaron verse más veces para saber como evolucionaba el asunto. Las reuniones eran cada vez más frecuentes sin que nada cambiara, salvo que cada vez eran más gente. Según pasaba el tiempo conocían mejor a la persona cuyos sueños tenían ahora, como una segunda personalidad. Una adolescente dejo de acudir cuando sus sueños aparecieron en un obeso cuarentón que la miraba con lascivia. Alguien hecho en cara De otro alguien la obscenidad de sus sueños. Cada noche seguía saltando al vacío y aquellas reuniones no solucionaban nada. Anunció que ya no celebrarían más en su casa. Los ánimos se crisparon un poco más cuando un joven se suicidó al no soportar las pesadillas ajenas que violaban sus noches.
Dejó pasar el tiempo. Sabía que algunos seguían teniendo aquellas estúpidas reuniones, incluso que un par de ellos lograron recuperar sus sueños. Pero eso a el ya no le valía. Ya no quería sólo sus sueños, quería una explicación. Quería saber el porque había ocurrido todo eso. Quitó la tele, apagó la luz y se dispuso a saltar otra vez.
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