- Con un click.
- Si.
- Y ya está.
- Eso es.
- Un click y pista.
- Un click.
- Y mentolado.
- Exacto.
- Pues no lo entiendo.
- ¿El qué?
- ¿Por qué no lo hacen mentolado directamente?
- Marketing, supongo. Es sofisticado y a la gente sofisticada le gusta gastarse -y que se sepa que se gastan- más dinero en las cosas que la gente de a pie.
- Esos pobres pebleyos, ¿No?
- Algo así.
- Pues me sigue pareciendo una estupidez.
- ¿Quieres uno o no?
- Trae.
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viernes, 24 de diciembre de 2010
viernes, 15 de octubre de 2010
Tabaco IX
Separó las monedas en la palma de su mano con el pulgar. Contó el cambio justo y guardó el resto. Fue hasta la barra.
-Perdona, ¿me das la máquina?
-Perdona, ¿me das la máquina?
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jueves, 1 de julio de 2010
Tabaco VIII
Salió de la casa empujando a dos agentes que le miraron sin comprender. Apoyó la espalada contra la fachada. Era consciente de que hiperventilaba. Resbaló hasta sentarse en el suelo. Sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo de su gabardina y luchó contra el precinto de plástico. Con manos temblorosas se llevó uno a los labios. Encontró las cerillas que le habían regalado en el estanco. Le fallaba tanto el pulso que rompió seis cerillas antes de rendirse. Su compañero llegó hasta donde estaba y le dio fuego con un viejo cippo. A la primera calada el temblor de sus manos se fue. A la segunda su respiración recobró un ritmo normal. A la tercera ya pensaba con claridad.
Besteiros giró el Cippo entre los dedos. Se lo regaló su primer compañero cuando se retiró, junto a un consejo: "Un buen poli no olvida ni su primer cigarro ni su primer fiambre". Besteiros lo tenía fácil. Habían llegado a la vez.
Besteiros giró el Cippo entre los dedos. Se lo regaló su primer compañero cuando se retiró, junto a un consejo: "Un buen poli no olvida ni su primer cigarro ni su primer fiambre". Besteiros lo tenía fácil. Habían llegado a la vez.
lunes, 19 de abril de 2010
Tabaco VI
Soy problématico, te lo dije, no soy bueno para tí. Así se lo hizo saber, como si fuera una de esas advertencias en el paquete de tabaco, como si le estuviera haciendo un favor. Pellizcó el contenido de la bolsa con dos dedos y esparció las hebras sobre el papel. Parecía incluso una de esas fanfarronadas de fumador "cuando quiera puedo dejarlo, no estoy enganchado". Salvo que esta vez no era ninguna fanfarronada. Acunó en cigarillo que iba cogiendo forma. Colocó un filtro al extremo y lo estranguló haciéndolo girar entre sus dedos. Apenas se dio cuenta de que estaba disfrutando proyectando su ira contra el pitillo que acababa de liar, con una sonrisa de lo más siniestra. Levantó la vista por si alguien se había dado cuenta del gesto. Nadie había reparado en ella, una chica liando tabaco mientras esperaba al bus. Se lo llevó a los labios y lo encendió. La sonrisa escalofriante volvió a su rostro. En su imaginación él estaba envuelto en una sábana y ella tenía una antorcha en las manos. Fue el mejor cigarrillo del día.
lunes, 8 de marzo de 2010
Tabaco V
Con cada cigarrillo que fumo quemo un poco más mi vida y ahumo un poco más mi alma, pero curiosamente me siento mejor. Me estremezco con secreto regocijo a cada calada, disfrutando del cosquilleo en la base del cráneo, ahi donde empieza mi cerebro de reptil. Comer dormir y nicotina. Fumar medio dormido, cuando los pensamientos se elevan con el humo. ¿Por qué seguir fumando? La respuesta en cada nuevo cigarro. Placer, lo llaman, un orgasmo pulmonar. Aunque los filtros en la cajetilla me recuerden a las bala en el tambor de un revólver. Sé que es malo y de todos modos me gusta. ¿Masoquismo para voluntades débiles? O mejor, suicidas a tiempo parcial. Reconozco que disfruto con la decadencia en dosis de 20. Me fumo el último. El camino de la autodestrucción empieza por bajar a por otro paquete de tabaco.
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domingo, 17 de enero de 2010
Tabaco IV
Tengo dos carreras y un master. Gano cantidades de seis cifras al año. Dirijo un departamento con 40 personas con alta formación. Puedo hacer llorar a la gente sin ni siquera levantar la voz. Disfruto de coches rápidos, trajes elegantes, mujeres hermosas y restaurantes caros. La mía es la viva imagen de la seguridad, la confianza y la autoridad. Del éxito antes de los treinta. Pero no puedo evitar estremecerme, empapado de terror adolescente, cada vez que están a punto de pillarme fumando a escondidas en los baños de la oficina.
martes, 1 de diciembre de 2009
Tabaco III
Aplastó la colilla a conciencia contra el cenicero de cristal, extinguiendo cada destello anaranjado con el filtro arrugado. El cigarro emitió sus últimos suspiros de humo y nicotina y quedó abandonado a su suerte, junto a otros dos desgraciados aspirados por la impaciencia y los segundos amontonados uno detrás de otro, en fila india, saltando por el acantilado del tiempo. Miró el cenicero. Era una tumba abierta, una fosa común donde se entierra el ansia a golpe de mechero y calada. Por fin atravesó la puerta. Sonrió recordando una de las perlas de sabiduría de su abuelo.
"Chico, solo las mujeres interesantes acuden a las citas tres cigarros más tarde que tú"
"Chico, solo las mujeres interesantes acuden a las citas tres cigarros más tarde que tú"
martes, 22 de septiembre de 2009
Tabaco II
El hotel acababa de abrir sus puertas. A la inauguración acudió toda la prensa de la ciudad. Comenzó el recorrido. La decoración era exquisita. La sobriedad de las nuevas tendencias con unos toques de los locos años veinte. El bar del hotel tenía los suelos y las paredes de alabastro, entre el negro y un leve fulgor verde. Los taburetes de cuero en torno a la barra y los reservados discretamente iluminados parecían diseñados en exclusiva para la letra pequeña de los negocios, las cláusulas demasiado sórdidas para las impolutas oficinas y las condiciones que la decencia rechazaría a gritos pero la codicia acepta con una sonrisa. Los dos hombres se desabrocharon las americanas y tomaron asiento. Uno posó un maletín en la mesa. El otro sacó una cajita de metal. Era una pitillera. Se llevó un cigarro negro y corto ante los ojos, como si fuera a encenderlo con la mirada. Luego lo olió y se lo puso entre los labios. Al acercar la llama del mechero una voluta de humo gris ascendió hacia el ventilador, a estrellarse contra sus aspas, dejando un olor a azul y vainilla por toda la sala.
- Deberías dejar el tabaco
- ¿Sabes qué? O el tabaco me deja a mí o este romance durará para siempre.
- Deberías dejar el tabaco
- ¿Sabes qué? O el tabaco me deja a mí o este romance durará para siempre.
sábado, 1 de agosto de 2009
Días de mierda
- Me encantan los días como hoy.
- ¿Los días que llueve?
- No, los días de mierda.
- ¿Los días que llueve?
- No, los días de mierda.
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miércoles, 31 de diciembre de 2008
Cabos sueltos
La niebla bajó lentamente. Los peatones, obstinados, continuaban su camino hacia el trabajo, atravesando la capa de humedad que se filtraba en los abrigos y empapaba las bufandas.
Los dos hombres iban a la par, mirando al suelo, avanzando a paso vivo. Charlaban de forma animada, nada acorde con el frío de la mañana, que más bien invitaba a callar, apresurarse y permanecer el menor tiempo posible en la calle.
- Me han pedido que sea delegado sindical.
- ¿Y que vas a hacer?
- No lo sé. Es mucho curro, pero mientras sea delegado no me pueden despedir.
- Hablando de despidos, ¿Sabes a quien han echado?
- Ni idea.
- A Pura, la de Administración.
Entraron en un gran edificio corporativo. Se acercaron al puesto de seguridad de la entrada y pidieron unas indicaciones. Cogieron un ascensor y pulsaron el botón del piso 46. Uno de ellos revisó algo en su maletín.
- ¿Dónde vas a ir este año de vacaciones?
- Los niños están empeñados en ir a disneyland. Supongo que iremos de todos modos, pero les he dicho que si suspenden alguna nos quedamos en casa.
- Tus chicos han sido bastante aplicados. Nosotros no conseguimos que el pequeño se centre. Andamos siempre con academias y con historias.
El ascensor llegó al piso 46. Entraron en un bufete de abogados. Saludaron con una sonrisa a la secretaria, se anunciaron y pasaron al despacho de uno de los socios. Tras los saludos y presentaciones entraron en materia.
- ¿Cuál es su problema? –preguntó el abogado.
- Nuestro jefe está teniendo algunas dificultades con un tipo que está metiendo las narices donde no le llaman.
- Nuestro problema es usted. –Terció el segundo hombre.
Antes de que el abogado pudiera asimilar la última frase los dos hombres ya habían sacado dos pistolas con silenciadores y abrían fuego contra él.
Los asesinos permanecieron otro cuarto de hora en el despacho. Salieron despidiéndose.
- Muchas gracias, volveremos la semana que viene.
Dijeron adiós a la secretaria, de nuevo con una sonrisa. Cogieron el ascensor y pulsaron el botón de la planta baja.
- Una putada lo de Pura.
- Si, es una pena.
- ¿Dónde comemos?
- ¿Te apetece ir a un italiano?
- Vale.
Y al salir del edificio se dirigieron al restaurante.
Los dos hombres iban a la par, mirando al suelo, avanzando a paso vivo. Charlaban de forma animada, nada acorde con el frío de la mañana, que más bien invitaba a callar, apresurarse y permanecer el menor tiempo posible en la calle.
- Me han pedido que sea delegado sindical.
- ¿Y que vas a hacer?
- No lo sé. Es mucho curro, pero mientras sea delegado no me pueden despedir.
- Hablando de despidos, ¿Sabes a quien han echado?
- Ni idea.
- A Pura, la de Administración.
Entraron en un gran edificio corporativo. Se acercaron al puesto de seguridad de la entrada y pidieron unas indicaciones. Cogieron un ascensor y pulsaron el botón del piso 46. Uno de ellos revisó algo en su maletín.
- ¿Dónde vas a ir este año de vacaciones?
- Los niños están empeñados en ir a disneyland. Supongo que iremos de todos modos, pero les he dicho que si suspenden alguna nos quedamos en casa.
- Tus chicos han sido bastante aplicados. Nosotros no conseguimos que el pequeño se centre. Andamos siempre con academias y con historias.
El ascensor llegó al piso 46. Entraron en un bufete de abogados. Saludaron con una sonrisa a la secretaria, se anunciaron y pasaron al despacho de uno de los socios. Tras los saludos y presentaciones entraron en materia.
- ¿Cuál es su problema? –preguntó el abogado.
- Nuestro jefe está teniendo algunas dificultades con un tipo que está metiendo las narices donde no le llaman.
- Nuestro problema es usted. –Terció el segundo hombre.
Antes de que el abogado pudiera asimilar la última frase los dos hombres ya habían sacado dos pistolas con silenciadores y abrían fuego contra él.
Los asesinos permanecieron otro cuarto de hora en el despacho. Salieron despidiéndose.
- Muchas gracias, volveremos la semana que viene.
Dijeron adiós a la secretaria, de nuevo con una sonrisa. Cogieron el ascensor y pulsaron el botón de la planta baja.
- Una putada lo de Pura.
- Si, es una pena.
- ¿Dónde comemos?
- ¿Te apetece ir a un italiano?
- Vale.
Y al salir del edificio se dirigieron al restaurante.
viernes, 5 de diciembre de 2008
Tabaco
Besteiros apuró el cigarrillo y echó un vistazo a su alrededor. El cuerpo presentaba las mismas marcas que los casos anteriores, las mismas laceraciones. Estaba claro que se trataba de su asesino. Dio un par de órdenes a sus hombres y comenzaron a trabajar. Le esperaba una noche muy larga. Y se estaba quedando sin tabaco.
martes, 18 de noviembre de 2008
Accidente de tráfico
Los neumáticos giraban casi sin fuerza. Cientos de pequeños cristales sembraban el asfalto alrededor del coche volcado. Los dos haces de luz de los focos iluminaban el quitamiedos arrancado de cuajo por el impacto. El amasijo de hierros era lo único que impedía que el vehículo se precipitara ladera abajo.
En el interior del coche un hombre luchaba por permanecer consciente. Intentó alcanzar el teléfono móvil, pero el cinturón de seguridad se había atascado y casi no le dejaba moverse.
El tiempo dejó de tener sentido y en un momento dado creyó escuchar el motor de otro vehículo transitando por la solitaria carretera. Por el fragmento de retrovisor que no había quedado reducido a pedazos vio dos faros acercarse y detenerse a pocos metros de él.
Un chico joven se bajó del coche y se asomó a su ventanilla.
- ¿Se encuentra bien? Espere aquí, voy a llamar a una ambulancia.
Se habría reído si no le doliera tanto el pecho. “Espere aquí” le había dicho. ¿A dónde pensaba que iba a ir? El muchacho volvió después de unos instantes.
- Llegarán enseguida. Me han dicho que no puedo moverle, pero que le de conversación para que no pierda la consciencia.
Entre estertores consiguió darle las gracias.
- ¿De donde venía?
Del puti, pero no iba a decírselo.
- Volvía a casa… no la vi… se me echó encima… ¿Puede quitarme el cinto?
- ¿No la vio?
- La chica de blanco, en la curva… Al esquivarla se me fue el coche y…
- ¿La chica de la curva? –el chico pareció dudar antes de seguir hablando- ¿Ha bebido?
Pues claro que había bebido.
- No… Por favor… Sáqueme del coche
- Huele a alcohol. ¡Joder! ¿Cómo puede ser tan irresponsable?
- No… Yo… Por favor, me duele –Gimió.
Empezaba a ver chispazos azules en los bordes de su campo visual. Tenía ganas de vomitar, pero el chico seguía presionándolo.
- ¿Cuanto ha bebido?
- No sé… poco.
- ¡Cuanto!
- Unas seis copas… y un poco de vino… por favor, me estoy mareando ¿tiene agua?
- No. ¿De donde viene?
El hombre del coche rompió a llorar.
- ¡De un club de carretera! ¡¿Vale?! Por favor sáqueme de aquí.
Las lágrimas bajaban por su frente hasta el pelo, arrastrando algunas gotas de sangre de los cortecitos abiertos por el impacto. El chico caminaba de arriba abajo furioso.
- Se va de putas, se emborracha y luego coge el coche tan tranquilo. ¡Ha podido matar a cualquiera!
- ¡Por favor! ¡Ayúdeme a salir!
- El mundo sería un lugar mejor si usted muriese en este accidente.
Arrimó el hombro al coche y empezó a empujar hacia el precipicio. En el interior el hombre gritaba.
- ¡Por favor! ¡Tengo mujer e hijos! ¡Soy una buena persona!
El chico volvió a agacharse para mirarle a la cara.
- No, no lo eres. ¿Sabes lo que habría hecho una buena persona? Una buena persona habría preguntado que ha sido de la chica de blanco.
Empujó de nuevo hasta que el quitamiedos destrozado cedió y el coche de despeñó colina abajo. Una chica con un vestido blanco apareció de entre unos arbustos detrás del muchacho.
- Este casi me pilla de verdad.
- Lo que hacemos es arriesgado, –respondió el chico- pero es lo mejor para todos.
En el interior del coche un hombre luchaba por permanecer consciente. Intentó alcanzar el teléfono móvil, pero el cinturón de seguridad se había atascado y casi no le dejaba moverse.
El tiempo dejó de tener sentido y en un momento dado creyó escuchar el motor de otro vehículo transitando por la solitaria carretera. Por el fragmento de retrovisor que no había quedado reducido a pedazos vio dos faros acercarse y detenerse a pocos metros de él.
Un chico joven se bajó del coche y se asomó a su ventanilla.
- ¿Se encuentra bien? Espere aquí, voy a llamar a una ambulancia.
Se habría reído si no le doliera tanto el pecho. “Espere aquí” le había dicho. ¿A dónde pensaba que iba a ir? El muchacho volvió después de unos instantes.
- Llegarán enseguida. Me han dicho que no puedo moverle, pero que le de conversación para que no pierda la consciencia.
Entre estertores consiguió darle las gracias.
- ¿De donde venía?
Del puti, pero no iba a decírselo.
- Volvía a casa… no la vi… se me echó encima… ¿Puede quitarme el cinto?
- ¿No la vio?
- La chica de blanco, en la curva… Al esquivarla se me fue el coche y…
- ¿La chica de la curva? –el chico pareció dudar antes de seguir hablando- ¿Ha bebido?
Pues claro que había bebido.
- No… Por favor… Sáqueme del coche
- Huele a alcohol. ¡Joder! ¿Cómo puede ser tan irresponsable?
- No… Yo… Por favor, me duele –Gimió.
Empezaba a ver chispazos azules en los bordes de su campo visual. Tenía ganas de vomitar, pero el chico seguía presionándolo.
- ¿Cuanto ha bebido?
- No sé… poco.
- ¡Cuanto!
- Unas seis copas… y un poco de vino… por favor, me estoy mareando ¿tiene agua?
- No. ¿De donde viene?
El hombre del coche rompió a llorar.
- ¡De un club de carretera! ¡¿Vale?! Por favor sáqueme de aquí.
Las lágrimas bajaban por su frente hasta el pelo, arrastrando algunas gotas de sangre de los cortecitos abiertos por el impacto. El chico caminaba de arriba abajo furioso.
- Se va de putas, se emborracha y luego coge el coche tan tranquilo. ¡Ha podido matar a cualquiera!
- ¡Por favor! ¡Ayúdeme a salir!
- El mundo sería un lugar mejor si usted muriese en este accidente.
Arrimó el hombro al coche y empezó a empujar hacia el precipicio. En el interior el hombre gritaba.
- ¡Por favor! ¡Tengo mujer e hijos! ¡Soy una buena persona!
El chico volvió a agacharse para mirarle a la cara.
- No, no lo eres. ¿Sabes lo que habría hecho una buena persona? Una buena persona habría preguntado que ha sido de la chica de blanco.
Empujó de nuevo hasta que el quitamiedos destrozado cedió y el coche de despeñó colina abajo. Una chica con un vestido blanco apareció de entre unos arbustos detrás del muchacho.
- Este casi me pilla de verdad.
- Lo que hacemos es arriesgado, –respondió el chico- pero es lo mejor para todos.
martes, 28 de octubre de 2008
No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura
No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura. Siempre ocurría igual. Todo empezaba con una charla inocente, él se ajustaba las gafas en un gesto tímido, ella lo encontraban adorable. De un modo otro siempre acababan en el piso de ella. El último café, la última copa, algo de música… Él fingía una torpeza que le era impropia y ella reafirmaba su autoridad controlando la situación en su propio territorio. El poder nos vuelve tan insensatos… De modo que ella marca el paso, ambos intiman y él pierde el control.
Había vuelto a manchar el pantalón por la excitación. Se secó la boca con el dorso de la mano y contuvo las nauseas hasta que dio con el baño. Se desnudó después de vomitar y una vez dentro de la ducha abrió el grifo del agua caliente, sin importarle lo más mínimo escaldarse bajo el vapor. Se frotó furioso, intentando arrancarse el sudor y el arrepentimiento de la piel, a tiras así fuera la única forma.
Se secó con la primera toalla que encontró, mirando de vez en cuando al cuerpo desmadejado que yacía sobre la cama. La rutina que se había grabado a fuego en la mente se abrió paso entre la niebla de su pensamiento.
Ir a la cocina, guantes, lejía, limpiar todo lo que hubiera tocado, verter al menos la mitad de la botella de lejía en el plato de la ducha y en el váter. Colocar un cuchillo en la mano de la chica, ampliar la herida del cuello y masajear el corazón para simular una hemorragia en la herida post-mortem. Cuando la encontraran sería un suicidio entre otros.
- Te estoy aburriendo- La voz de la chica le sacó de su ensimismamiento.
La miró con esos ojillos tímidos mientras se subía las gafas.
- No, perdona. Te pareceré un estúpido, pero por un momento estaba tan a gusto que no me di cuenta de que no estaba sólo.- De forma inconsciente usaba palabras con muchas ese y erres suaves, de tal forma que transmitía una sensación de sosiego a su interlocutora,- Bueno, así dicho en voz alta si que suena bastante a delirio.
- A mí me suena bastante tierno. –Le tocó levemente los dedos de la mano derecha- ¿Qué te parece si subimos a mi piso a tomar la última copa y me cuentas en que estabas pensando?
- De acuerdo. –Sonrió al borde del sonrojo de nuevo.- Pero sólo era un dejá vu.
Había vuelto a manchar el pantalón por la excitación. Se secó la boca con el dorso de la mano y contuvo las nauseas hasta que dio con el baño. Se desnudó después de vomitar y una vez dentro de la ducha abrió el grifo del agua caliente, sin importarle lo más mínimo escaldarse bajo el vapor. Se frotó furioso, intentando arrancarse el sudor y el arrepentimiento de la piel, a tiras así fuera la única forma.
Se secó con la primera toalla que encontró, mirando de vez en cuando al cuerpo desmadejado que yacía sobre la cama. La rutina que se había grabado a fuego en la mente se abrió paso entre la niebla de su pensamiento.
Ir a la cocina, guantes, lejía, limpiar todo lo que hubiera tocado, verter al menos la mitad de la botella de lejía en el plato de la ducha y en el váter. Colocar un cuchillo en la mano de la chica, ampliar la herida del cuello y masajear el corazón para simular una hemorragia en la herida post-mortem. Cuando la encontraran sería un suicidio entre otros.
- Te estoy aburriendo- La voz de la chica le sacó de su ensimismamiento.
La miró con esos ojillos tímidos mientras se subía las gafas.
- No, perdona. Te pareceré un estúpido, pero por un momento estaba tan a gusto que no me di cuenta de que no estaba sólo.- De forma inconsciente usaba palabras con muchas ese y erres suaves, de tal forma que transmitía una sensación de sosiego a su interlocutora,- Bueno, así dicho en voz alta si que suena bastante a delirio.
- A mí me suena bastante tierno. –Le tocó levemente los dedos de la mano derecha- ¿Qué te parece si subimos a mi piso a tomar la última copa y me cuentas en que estabas pensando?
- De acuerdo. –Sonrió al borde del sonrojo de nuevo.- Pero sólo era un dejá vu.
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