viernes, 11 de febrero de 2011

La vida (no) es así I

Dos muertos y una veintena de detenidos en una pelea masiva entre "chalequeros" de Cruz Roja y Aldeas Infantiles


Los dos grupos de captadores de socios llevaban tiempo disputándose el control de las calles del centro


Dos personas perdieron la vida ayer en lo que ya se conoce como "la guerra de los chalecos", un enfrentamiento de proporciones masivas en el que participaron en torno a 50 captadores de socios de Cruz Roja y de Aldeas Infantiles. La Policía ha realizado 20 detenciones.

Los hechos ocurrieron a las 16:30 horas de la tarde de ayer cuando dos captadores abordaron a la misma persona. La confusión inicial hizo que la persona pasara de largo y dejara a los dos "chalequeros" discutiendo sobre quien ostentaba los derechos sobre esa concurrida zona del centro urbano. La trifulca llegó a las manos y los compañeros de los implicados acudieron a separarlos. Según los testigos hubo un cruce de insultos entre los dos grupos del tipo "nuestra labor es más solidaria" y "vuestra ONG tiene más de marketing que de labor humanitaria".

Todo apunta a que el detonante de la pelea fue el lanzamiento de una carpeta con formularios de inscripción sin que conste que grupo lo inició. El enfrentamiento se extendió durante varios minutos hasta que llegó la Policía, aunque ya era demasiado tarde. T. P. M. mujer de 26 años de (voluntaria en Cruz Roja) y H. D. P, varon de 23 (captador de Aldeas Infantiles), perdieron la vida en la refriega. Sus restos han sido puestos a disposición del Instituto Anatómico Forense a la espera de la autopsia. Los detenidos ya han sido puestos a disposición judicial.

Ambas organizaciones han emitido un comunicado conjunto en el que condenan la violencia y expresan su dolor por la muerte de los dos voluntarios. Sin entrar en justificaciones, el comunicado explica "la dura situación de los chalequeros desde la llegada de Internet". "Antes de la red era la gente la uqe acudía a nosotros", relata, "pero ahora los interesados se enrolan en las páginas web y ya no se respeta el chaleco. La pasión solidaria de nuestros captadores hizo el resto".

Por su parte, la asociación Española contra el Cáncer y la Hermandad de Donantes de Sangre se han ofrecido a guiar el proceso de pacificación de las calles del centro. El Ayuntamiento aún no se ha pronunciado pero el grupo en la oposición ha lanzado la propuesta de hacer una estatura en memoria de los fallecidos y en reconocimiento a la labor de los "chalequeros".

martes, 25 de enero de 2011

Asociación de Amigos de la Maldad

El sistema acabó consigo mismo de la manera más aburrida que se pueda imaginar: La burocracia. Un día el supervillano William Rathbourne, conocido como Deathborn, y dos de sus colaboradores habituales registraron la asociación Amigos de la Maldad. La maldad es un concepto moral, no legal, por lo que el Ayuntamiento no pudo impedirlo. Tuvieron la arrogancia de invitar a todos los superheroes a su asamblea constituyente.
A los pocos días todos los delincuentes comunes y sospechosos habituales se habían inscrito. El ejemplo cundió en el resto del país y pronto todos los criminales de la nación contaban con el carnet de socio. Rathbourne había estudiado leyes en su última estancia en prisión (cortesía de Solar Blast) y había aprendido a delimitar a la perfección la línea entre el delito y la simple mala baba.
Subvencionaron a los grupos musicales con menos talento, apoyaron las campañas de los políticos más extremistas, donaron dinero a los colegios que entraron en su programa de competitividad escolar desde párbulos. Consiguieron ampliar el horario de los bares y discotecas mediante recogida de firmas y después lograron subir en 40 decibelios el límite de la contaminación acústica. Primaban a los equipos deportivos que más faltas cometieran y crearon unos premios especiales para los empresarios que más ajustaran las condiciones laborales de sus empleados a los mínimos de los convenios. Rathbourne llegó a hacerse un gran amigo personal del juez que más veces le había encarcelado
Algunos superhéroes encabezados por Nightbringer y Zealot intentaron la misma maniobra pero a la inversa. En un principio funcionó y tuvieron bastante respaldo cuando representantes de todas las religiones oficiales se sumaron a ellos. Sin embargo la Liga de la Bondad se vino abajo cuanto intentaron ponerse de acuerdo en la redacción de sus estatutos por las discrepancias entre los grupos religiosos. La demanda por violación de derechos de autor en su nombre fue el último empujón que les hacía falta para caer.

jueves, 13 de enero de 2011

Nuevas viejas amistades

No estaba seguro de aquello. Pensándolo en frío era una locura, un juego enfermo de una mente no mucho más sana. Pero aún así, releyó el letrero de la puerta y entró. Dra. M. Riaza. Psiquiatra infantil.
Llevaba la capa que le había dado Lago. Los saltos de sombra a sombra eran como acelerones en un túnel mal iluminado. Los bordes de su visión se difuminaban y algo tiraba de él hasta el siguiente punto que quería alcanzar. La recepcionista ni siquiera reparó en él cuando entró y en la sala de espera media docena de niños acompañados de sus madres le ignoraron como a una mota de polvo arrastrada por el aire. Otro salto en la sombra y estaba dentro del despacho.
Era hermosa. Lago se lo había dicho, pero tenía una forma peculiar de contar las cosas. Lo veía todo fragmentado y desproporcionado, una lente de aumento rota describiendo a un ciego el mundo.
La mujer consultaba unos expedientes con obstinado interés. Tenía el pelo recogido con unas gomas de colores. Sería solo dos o tres años mayor que él. Julián se descubrió y esperó que notara su presencia.
La doctora se sobresaltó. Echó la silla de despacho hacia atrás, pero controló el miedo.

- ¿Qué quieres?

Era una reacción interesante. Ante la sorpresa se esperaba un "¿Cómo has entrado?" o un "¿Quién eres?". Pero la primera era una información innecesaria y la segunda era irrelevante. Era un joven con una capa y una espada al cinto. Quizás el paciente de algún compañero de clínica o un animador contratado para alguna terapia. La mente analítica de la doctora expuso lo único que no podía extraer del entorno. Sus motivos.

- Es complicado. Necesito hablar contigo.
- ¿Sobre?
- Un amigo en común que necesita que le ayudes.
- No creo que compartamos círculos sociales, y de todos modos, si necesita mi ayuda que pida una cita como los demás. No me gusta otorgar tratos de favor entre mis pacientes.
- Me dijo que te llamaba Doncella Marga. Quizás te suene.

¿Qué era aquello, una broma? En su tesis doctoral contaba su fantasía con el ladrón de cosas bonitas, cómo de pequeña se obsesionó con un amigo invisible y un mundo irreal y la medida en que aquello definió después su vocación hacia el estudio de la mente infantil y la ayuda a aquellos que no conseguían superar el delirio. Alguien quería tomarle el pelo. Era nueva en la clínica y se esperaba alguna novatada, pero no se imaginaba algo tan personal. Molesta descolgó el auricular para que echaran a aquel payaso de su despacho. El chico sonrió resignado.

- Me dijo que no me creerías. La ciencia ha devorado la magia, ha dicho. Me dijo también que aún lo conserva.
- ¿El qué?
- Lo que te robó. No ha querido contarme qué era.

Aquello era extraño. Jamás contó a nadie esa parte. Obligó a su memoria a desenterrar los recuerdos sepultados por capas de autoconvencimiento, lógica y montones de no-pudo-ser-real. Hubo algo que produjo un chispazo en su cerebro. ¡La capa! Recordó el tacto de aquella tela. Sus ondulaciones, su color, idéntico al de la prenda que el chico llevaba sobre los hombros.

- Supón que te creo y en vez de llamar a seguridad y clavarte una aguja llena de ansiolíticos en el cuello, escucho lo que tienes que decir.
- El mundo se muere y él está buscando a alguien. Creo que lo de mundo le da igual, pero me dijo que me ayudaría a evitarlo si yo le ayudaba a encontrar a esa persona.

- De acuerdo, voy a pedir esa aguja.

No tuvo tiempo de marcar el primer número. Una enfermera irrumpió en su despacho visiblemente alterada.

- ¡Doctora, tiene que venir!¡Han entrado todos en shock!

El chico ya no estaba allí. Por un segundo pensó en la posibilidad de que se hubiera quedado dormida ante el ordenador, pero el ruido de la sala de espera le obligó a ponerse en movimiento. Ya pensaría en ello más tarde.

Los seis niños estaban en el suelo. Convulsionaban. Tenían los ojos en blanco y espuma en la boca, con las caritas contraídas por el dolor y los espasmos. No eran capaces de sujetarlos cuando sus espinas dorsarles se arquearon y de sus pechos brotó una voz grave y lejana.

- Llegará la hora en que los ocho ojos vean a la Luz y la reconozcan.
Y el ciclo girará otra vez y todo cambiará,
pues la lucha ha de dar nacimiento a El Último.
Los muros caerán y ya no habrá miedo.
Niña de Plata, busca la magia detrás de la luna.
Niña de Plata, despierta a La Araña.
Niña de Plata, mata este mundo.

Y la crisis cesó en todos los niños al tiempo. Una voz a su espalda llamó su atención.

- Esto me ahorra muchas horas tratando de convencerte. Lago querrá hablar contigo. Ha pasado mucho tiempo.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Antes tenía un nombre como el tuyo, pero he pasado mucho tiempo con él. Creo que he cambiado, que ahora soy algo más... Ahora me llamo Espada.
- Yo soy Marga.
- Lo sé. La Doncella Marga. Vámonos.

Y mientras La Araña dormía

domingo, 9 de enero de 2011

Edward Perrington

Cuando la investigación genética avanzó lo bastante como para producir especímenes animales con características antropomórficas la comunidad internacional puso el grito en el cielo. Cuando un accidente en la emisión de radiaciones propagó las mutaciones por todo lo ancho y alto del planeta se dispararon todas las alarmas y la iglesia excomulgó a todos los científicos del mundo. ¿Animales dotados de sentimientos e inteligencia, que hablan, razonan y toman el te? Era mucho con lo que lidiar. El primer individuo que tomó parte activa de la vida social de un país fue Edward Perrington, un magnífico ejemplar de pastor alemán que decidió seguir su vocación y hacer carrera como militar. Perrington narró los primeros difíciles años de la Academia Militar en una biografía que se convirtió en best seller en apenas una semana y que le convirtió en toda una inspiración para el resto de mutados y un héroe de la integración. El sargento Perrington murió a los 12 años sin ver cumplido su sueño de ascender a teniente. Su visión en blanco y negro le impidió aprobar el examen de heráldica imprescindible para optar al cargo.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Tabaco XI

- Con un click.
- Si.
- Y ya está.
- Eso es.
- Un click y pista.
- Un click.
- Y mentolado.
- Exacto.
- Pues no lo entiendo.
- ¿El qué?
- ¿Por qué no lo hacen mentolado directamente?
- Marketing, supongo. Es sofisticado y a la gente sofisticada le gusta gastarse -y que se sepa que se gastan- más dinero en las cosas que la gente de a pie.
- Esos pobres pebleyos, ¿No?
- Algo así.
- Pues me sigue pareciendo una estupidez.
- ¿Quieres uno o no?
- Trae.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Alonso Martín de Gustos

Un personaje interesante, Alonso Martín de Gustos. Espadachin, mago y alquimista... perdió dos dedos de la mano izquierda trasteando con pólvora. Se decía que gustaba de cazar especímenes raros, principalmente ejemplares venenosos a los que poder estudiar. Curiosamente tuvo una muerte de lo más cotidiana. Lo arrolló un tiro de caballos nada más bajarse de un barco, cuando volvía de una de sus expediciones. La tripulación dice que se pasó todo el trayecto hablando de una puerta al infierno que había encontrado y un demonio al que había cnseguido encadenar... Pero de Gustos no acostumbraba a tomar notas, así que el demonio sigue atado en alguna parte...

martes, 16 de noviembre de 2010

Tabaco X (el Ángel Triste)

- Por mucho que lo intentes no puedes dejar esta profesión. Como mucho la profesión te deja a ti. Pero te deja seco, desparramado en el suelo y con una bala del treinta y ocho entre las cejas. ¡Chico! ¿Qué es eso que te llevas a los labios?
- Jarras de cerveza bien fría y mujeres hermosas, abuelo
- Tienes la lengua de tu madre, pero a mí no me engañas. A ella puede que consigas confundirla, pero te he visto los dedos, y esas manchas amarillas en los nudillos no son de estudiar. Líame algo de esa mierda que fumáis ahora los jóvenes y te contaré por que a tu padre no le gusta que te aburra con mis historias.
- Pero abuelo.. no sé si...
- ¡A la mierda el cáncer! ¡Si el tumor no me ha matado todavía no va a hacerlo un cigarrillo!¡Joder, si Jimmy el silencios no lo hizo, no va a hacerlo un puto cigarrillo! Lía y escucha, puede que aprendas algo... Mierda de crío. ¿Cuánto tabaco te queda?
- Una bolsa entera, abuelo. La he comprado esta mañana.
- Bien. ¿Sabes de dónde viene el apellido de tu madre?
- ¿Timpanaro? Es el tuyo, ¿No? Italiano. Pero a papá no le gusta que hablemos mucho de ello.
- ¡Que le jodan! Es tu historia y si no te la cuento yo, no va a hacerlo nadie.
- ¿Con o sin filtro?
- Sin filtro. Como se los hacía Jimmy el silencios. Un hijo de puta muy listo. Y muy guapo. Sabía distraer a los hombres y enloquecer a las damas. ¿Tienes fuego?
- Si
- Pues dame el puto mechero, cállate y escucha.

martes, 26 de octubre de 2010

Ecclesia cathedralis dementiae

Las dos figuras entraron en el solar. Algunas paredes se mantenían el pie, a veces pertenecientes a la misma estructura, formando esquinas en las que los yonkis se refugiaban del gélido viento que azotaba el páramo. A medida que avanzaban, el número de aquellos despojos aumentaba. Hacia el centro, allí dónde se dirigían, una nave permanecía erguida. Las corrientes atravesaban el refugio de lado a lado por los agujeros en los tabiques. Una puerta corredera de chapa, oxidada y fuera de sus raíles era toda la protección que ofrecía la antigua construcción industrial.

Phobos y Julia entraron. El hedor era a duras penas soportable. Decenas de personas se amontonaban contra las paredes. Los murmullos febriles cubrían toda la estancia, cada uno en su propio tempo, como en una letanía o un mantra que descendía en espiral.

- Esto es una perdida de tiempo, -comenzó la muchacha- Aquí sólo hay yonkis y deficientes.
- Silencio niña -un escalofrío recorrió la columna de Julia. Phobos ni siquiera había levantado la voz- Son esquizofrénicos, autistas, savants, adictos destrozados por los alucinógenos... Y no dejan de venir aquí.
- Sigo sin ver por qué son importantes.
- Imagina que has visto durante toda tu vida la realidad a través del agujero de un pequeño caleidoscopio. -Phobos explicaba todo con calma. Bajaba a los detalles como un minucioso relojero y con paciencia contruía la imagen completa. Nunca le había visto enfadado. Por eso el pequeño hombre le parecía más siniestro- Y de repente el caleidoscopio cae y ves el verdadero funcionamiento de la realidad, en una amplitud hasta entonces desconocida. Cada pieza de color ahora encaja con el resto. Y comprendes.

Julia no comprendía en absoluto, pero juzgó más sensato callar. Phobos recorría a cada uno de los pobres diablos escrutando sus almas, si es que los opiaceos no habían abierto ya un agujero en ella. Estaban más inquietos desde que entraron en la nave. Sus sinsentidos crecían en volumen e intensidad, en una cacofonía de desesperación que obligó a la muchacha a taparse los oidos.

Un hombre se incorporó, hablándo más alto que nadie a su arrededor. Primero una voz trémula, temblorosa por el frío y los espasmos, después más firme, cuando el resto de locos abandonaron sus lamentos y sumaron sus gargantas a la figura que se había levantado.

Destellos de color y oro lo envolvían. Los dedos de sus pies apenas rozaban el suelo. El resplandor le elevó y sus palabras vibraron en sus pechos.

- Llegará la hora en que los ocho ojos vean a la Luz y la reconozcan.
Y el ciclo girará otra vez y todo cambiará,
pues la lucha ha de dar nacimiento a El Último.
Los muros caerán y ya no habrá miedo.
Niña de Plata, busca la magia detrás de la luna.
Niña de Plata, despierta a La Araña.
Niña de Plata, mata este mundo.

El cuerpo del hombre cayó desmadejado al suelo. Todos guardaron silencio. Phobos se dio la vuelta y con una mano en la espalda de la chica la encaminó hacía la puerta desvencijada.
- Sal de aquí. Llama al obispo y cuéntale lo que has visto. ¿Recordarás las palabras, Julia?
- S...si -Phobos no era la mejor compañía, pero prefería tenerle consigo para salir de allí- ¿Y tú?
- Aún me queda algo por hacer aquí. Ve, y a partir de ahora tápate los oidos hasta que llegues al coche. Que duermas bien.

La empujó suavemente del codo con una mano y con la otra arrastró la media tonelada de óxido y metal de la puerta hasta bloquear la entrada y dejarla al otro lado. Julia dudó un momento antes de echar a correr en dirección al audi de Phobos. Lamentó no haberse cambiado de ropa desde el despacho. Los tacones entorpecían sus pasos entre los charcos y guijarros. Se había tapado los oidos, tal y como el pequeño hombrecillo siniestro le había indicado.

Pero aún así no sirvió de nada.

Los gritos y aullidos de pánico se clavaron en su cabeza hasta la nausea. No tuvo fuerzas ni de mirar atrás. Al entrar en el coche se echó a llorar. No sería capaz de pegar ojo esa noche.

Y mientras La Araña dormía.

viernes, 15 de octubre de 2010

Tabaco IX

Separó las monedas en la palma de su mano con el pulgar. Contó el cambio justo y guardó el resto. Fue hasta la barra.

-Perdona, ¿me das la máquina?

Colores

Avanzó despacio, arrastrando la enorme espada de madera tras de sí. La estructura de la pequeña ermita devolvía magnificado el sonido de sus pisadas y del repiqueteo de su arma contra las juntas de las losas del suelo. Llegó hasta el altar, se encaró hacia la puerta y elevó la vista. Allí estaba. La vidriera.

- Has tardado mucho. Hace bastante que empezaron las señales. El tiempo es un lujo que no tenemos.

El sacristán guardó silencio, esperando a ver el efecto del reproche en el niño con la espada de madera. Aunque esperó en vano. El crío seguía contemplando las piezas de cristal de color. Apenas se alejaban de la gama más básica. Algún ocre, algo de púrpura, todo en un tono tan apagado que ni la exhaustiva limpieza y el sol de mediodía conseguían hacerla brillar.

- Tenemos que empezar a movernos. Encontrar al resto te devolverá los recuerdos que aún no hayan vuelto. -El sacerdote dio un paso adelante- Es una lástima que hayas despertado aún siendo un niño.
- Estás equivocado. -El muchacho llevó la mano a la empuñadura de su espada- Lo prefiero. Veo con más claridad. Mi alma está ahora más cerca de la Araña que nunca.

Sostuvo la espada empuñándola con las dos manos, con la punta dirigida a la vidriera. Con metódico movimientos trazó una serie de rectas en el aire, como si dibujara un símbolo en un lienzo que sólo él veía. Un sonido vibrante inundó la capilla, como si una cuerda demasiado tensa se rompiera y cruzara la estancia liberando un latigazo.

Y el ambiente trepidó, sacudido por una presión repentina. La vidriera había cambiado. Ahora resplandecía con colores nuevos, inventados por la mente de un niño, traídos de otras realidades, desveladas nuevas frecuencias de onda. Era hermoso en positivo, a niveles para los que eran necesarios nuevas palabras que aún no se conocían.

- Ahora el mundo tiene doce colores básicos, y de paso una nueva especie de mariposas.- El niño dudó un momento- ... Aunque creo que en el proceso he vuelto venenosas un par de plantas en Canadá.

El párroco no pudo articular palabra. Era más que evidente que aquel crío era quien decía ser: El mejor agente de la araña y la única esperanza del mundo. Sacudió la cabeza y tras un último vistazo a la refulgente cristalera entró de nuevo en la sacristía. Aún había mucho trabajo por hacer.

Y mientras la Araña dormía