Érase una vez una pequeña arañita. La arañita vivía cerca de una casa habitada por una familia. En la casa de la familia vivía Padre, Madre e Hija, y eran felices. Todos los días reían y jugaban al atardecer, cuando Padre y Madre volvían de trabajar e Hija acababa sus deberes. A veces recogían fruta de los árboles del jardín y preparaban tartas y pasteles que parecían montañas de nata y colores. La arañita, que estaba sola quiso también ser feliz con la familia, y jugar con ellos, y preparar tartas y pasteles que parecieran montañas de nata y colores, así que un día la arañita avanzó por el camino que daba a la casa con la intención de presentarse. Pero antes de llegar a la puerta se encontró con Madre, quien blandía una escoba.
-¡Qué arañita más horrible!
Y comenzó a darle escobazos a la arañita, de modo que tuvo que huir y esconderse. Pobre, pobre arañita.
Otro día la arañita escuchó como la familia cantaba. Madre y Padre tocaban a la vez el piano e Hija bailaba en círculos. La arañita pensó que ella también sería una buena bailarina, ya que tenía ocho ágiles patitas con las que podía saltar muy alto y hacer muchas piruetas. Así que trepó por las ramas de uno de los setos que había bajo las ventanas de la casa y se dispuso a saltar. Pero Hija le vio acercarse al seto, y cuando la arañita estaba en mitad del salto, Hija apareció de repente con un fuelle.
-¡Qué arañita más horrible!
Y sopló tan fuerte con el fuelle que la arañita salió volando hacia atrás y tuvo que esconderse. Pobre, pobre arañita.
Tiempo más tarde, la arañita vio que Padre, Madre e Hija estaban leyendo un cuento y pensó que ella también podía leer para la familia, ya que tenía ocho bonitos ojos con los que leería mejor que nadie las páginas de cualquier libro. Así que decidió subir por el canalón de la fachada. Pero Pdre le vio llegar así que cuando la arañita estaba casi arriba, Padre apareció con un cubo de agua.
-¡Qué arañita más horrible!
Y derramó todo el agua en el canalónhaciendo caer a la arañita, y casi ahogándola en el proceso, así que tuvo que huir. Pobre, pobre arañita.
La arañita se sentía muy mal. ¿Por qué la rechazaban sin nisiquiera conocerla? Para que nadie la molestara ni la viera llorar, la arañita se escondió en una manzana del huerto de la familia, y lloró hasta que se quedó dormida.
Cuando despertó estaba en lugar que no conocía. No había cielo, en su lugar había un muro, como los que construía la gente como la familia. Además la manzana ya no estaba en su árbol, sino en una cesta con otras manzanas. Por lo visto Hija había ido a recoger fruta para hacer una de sus tartas. Al mirar por la ventana, la arañita se dio cuenta de que era de noche. Así que aprovechando que la familia entera dormía, la arañita los mató a todos con su veneno.
miércoles, 8 de julio de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
The beginning is the end is the beginning
La libertad es un concepto efimero, basado en la existencia de otro concepto aún más efimero si cabe, como es el cautiverio... ¿Hasta que punto se puede encerrar un alma, una mente o una idea? No existe, pues, el cautiverio, por lo que definir entonces libertad es una futil e innecesaria necedad...
viernes, 19 de junio de 2009
miércoles, 27 de mayo de 2009
Sin título (serie abierta)
La mujer de la imagen miraba hacia atrás, entre asustada y sorprendida, por encima de su hombro izquierdo, buscando algo que estaba fuera de plano. Esther se inclinó sobre el lienzo. La calidad de la pintura era casi fotográfica. El entramado de la pieza de lino sobre la que el artista había depositado sus pigmentos era imperceptible. Existía algo en el cuadro que atraía la atención de la muchacha de manera casi hipnótica, aunque no sabía decir si era en el soporte o en el fondo de la obra donde residía ese reclamo. Se fijó en la plaquita del marco: “Sin titulo (serie abierta)”
A su espalda el dependiente de la tienda de antigüedades seguía rebuscando en cajas y estanterías alguna otra pieza que pudiera ser del agrado de su joven cliente, aunque parecía que la muchacha ya se había decidido.
- Me quedo con este.
Recibió el pedido a los pocos días en su casa. Colocó el cuadro en un caballete del salón y comenzó su ritual personal. Siempre repetía los mismos pasos cuando adquiría una nueva obra. La situaba junto a otro lienzo en blanco y comenzaba a copiarla. Intentaba sentir lo mismo que el artista en cada una de las fases de la pintura. Sentía la necesidad de hacer suyo ese reflejo de realidad, dominarlo, conocerlo antes de considerar que podía formar parte de su hogar.
Pintó durante horas. Estaba algo mareada. A pesar del aire acondicionado y la buena ventilación de su piso una fina película de sudor cubría su piel. Se le había formado un nudo en el estómago. La angustia que transmitían las sombras del cuadro al observarlo parecía habérsele atenazado en las entrañas a ella al pintarlo. No estaba habituada a esas sensaciones. Cuando copió sus otros cuadros sentía orgullo, satisfacción, alegría… pero con este el desagrado la invadía con cada pincelada. La gama de colores resultaba deliberadamente pobre, y la composición no traía consigo equilibrio y belleza, sino ansiedad, desasosiego e intranquilidad. No entendía que había visto en aquella pieza en la tienda de arte y antigüedades. Decidió que si no conseguía terminar la copia esa misma noche, lo devolvería. Dejó el pincel y se frotó los ojos. La luz del sol se había ido escondiendo detrás de los edificios vecinos y solo se arrastraba por las paredes la agónica luz anaranjada que precedía a la muerte del día.
Ahora ya estaba convencida de que algo pasaba con aquel cuadro, como si estuviera incompleto. Lo intentó varias veces más hasta que cayó en la cuenta. El punto de fuga estaba mal situado. Al retirar el forro trasero descubrió que el dibujo continuaba en el lienzo recogido tras la montura. Lo desclavó, desplegó y observó más de cerca.
La pintura daba ahora una visión más clara del entorno de la mujer retratada. Se trataba de un salón poco iluminado, con algunos cuadros como los que ella tenía en sus paredes.
Siguió las líneas del rostro de la muchacha con los dedos. Creyó reconocer en el cuello de la chica el mismo lunar que adornaba el suyo. Cayó en la cuenta de que en el marco de la puerta que mostraba el cuadro se adivinaba una figura entre las sombras, junto al Ficus que ella también tenía. Escuchó un ruido a su espalda.
Miró hacia atrás, entre asustada y sorprendida por encima de su hombro izquierdo, buscando algo que estaba fuera de plano.
A su espalda el dependiente de la tienda de antigüedades seguía rebuscando en cajas y estanterías alguna otra pieza que pudiera ser del agrado de su joven cliente, aunque parecía que la muchacha ya se había decidido.
- Me quedo con este.
Recibió el pedido a los pocos días en su casa. Colocó el cuadro en un caballete del salón y comenzó su ritual personal. Siempre repetía los mismos pasos cuando adquiría una nueva obra. La situaba junto a otro lienzo en blanco y comenzaba a copiarla. Intentaba sentir lo mismo que el artista en cada una de las fases de la pintura. Sentía la necesidad de hacer suyo ese reflejo de realidad, dominarlo, conocerlo antes de considerar que podía formar parte de su hogar.
Pintó durante horas. Estaba algo mareada. A pesar del aire acondicionado y la buena ventilación de su piso una fina película de sudor cubría su piel. Se le había formado un nudo en el estómago. La angustia que transmitían las sombras del cuadro al observarlo parecía habérsele atenazado en las entrañas a ella al pintarlo. No estaba habituada a esas sensaciones. Cuando copió sus otros cuadros sentía orgullo, satisfacción, alegría… pero con este el desagrado la invadía con cada pincelada. La gama de colores resultaba deliberadamente pobre, y la composición no traía consigo equilibrio y belleza, sino ansiedad, desasosiego e intranquilidad. No entendía que había visto en aquella pieza en la tienda de arte y antigüedades. Decidió que si no conseguía terminar la copia esa misma noche, lo devolvería. Dejó el pincel y se frotó los ojos. La luz del sol se había ido escondiendo detrás de los edificios vecinos y solo se arrastraba por las paredes la agónica luz anaranjada que precedía a la muerte del día.
Ahora ya estaba convencida de que algo pasaba con aquel cuadro, como si estuviera incompleto. Lo intentó varias veces más hasta que cayó en la cuenta. El punto de fuga estaba mal situado. Al retirar el forro trasero descubrió que el dibujo continuaba en el lienzo recogido tras la montura. Lo desclavó, desplegó y observó más de cerca.
La pintura daba ahora una visión más clara del entorno de la mujer retratada. Se trataba de un salón poco iluminado, con algunos cuadros como los que ella tenía en sus paredes.
Siguió las líneas del rostro de la muchacha con los dedos. Creyó reconocer en el cuello de la chica el mismo lunar que adornaba el suyo. Cayó en la cuenta de que en el marco de la puerta que mostraba el cuadro se adivinaba una figura entre las sombras, junto al Ficus que ella también tenía. Escuchó un ruido a su espalda.
Miró hacia atrás, entre asustada y sorprendida por encima de su hombro izquierdo, buscando algo que estaba fuera de plano.
domingo, 15 de marzo de 2009
Sorpresas
¿Cómo imaginar que me daría la vuelta y estarías allí? ¿Cómo imaginar que después de tanto tiempo los recuerdos seguirían vibrando tan potentes e intensos como aquellas noches? Y aunque las circunstancias no han jugado a nuestro favor y la incertidumbre baile con nosotros, verte de nuevo ha sido, como siempre, so so fucking special.
domingo, 8 de marzo de 2009
Diseño Inteligente
Sólo un pequeño apunte para los que creen en un creador supremo o al menos aceptan con cierto placer intelectual la teoría del diseño inteligente. Nadie que sea inteligente podría haber diseñado algo tan inútil y problemático como las muelas del juicio.
viernes, 23 de enero de 2009
No soy nadie. No soy nada
No soy nadie. No soy nada. No me dedico a ninguna profesión extraña en la que arriesgue mi vida con un elegante toque de bohemia. No soy detective privado, No pinto a hermosas mujeres desnudas en mi buhardilla, no custodio raro tesoros bibliográficos ni hago magia en las plazas delante de estudiantes turbadas por la mirada de lobo herido que no tengo.
No tengo un apellido exótico. No se me conoce por ningún sobrenombre ni destaco en ninguna disciplina. No he protagonizado una azarosa juventud allende los mares, donde una madre argentina no me echa de menos. No hay ninguna disputa con mis hermanos que me pese en el corazón, ni guardo secretos que vayan a cambiar mi vida para siempre. No conozco la verdadera esencia del mundo ni la magia que lo mantiene atado. Jamás existió una mujer que me quiso como ninguna otra y cuya ausencia me ponga la cordura del revés, ni tragedia en cuyo recuerdo me pierda cuando me quedo a oscuras.
No tengo una marca favorita de ginebra ni un antro donde me puedan poner “lo de siempre”. No vivo en un barco-casa desde cuyas velas gritarle a Dios en las noches de tormenta. No sigo con ferviente devoción a ningún músico de jazz que se arrancó el alma del pecho para ponerla en su instrumento.
Mi vida dura en lo que unos ojos se deslizan por estas líneas que se acaban. No soy nadie. No soy nada
No tengo un apellido exótico. No se me conoce por ningún sobrenombre ni destaco en ninguna disciplina. No he protagonizado una azarosa juventud allende los mares, donde una madre argentina no me echa de menos. No hay ninguna disputa con mis hermanos que me pese en el corazón, ni guardo secretos que vayan a cambiar mi vida para siempre. No conozco la verdadera esencia del mundo ni la magia que lo mantiene atado. Jamás existió una mujer que me quiso como ninguna otra y cuya ausencia me ponga la cordura del revés, ni tragedia en cuyo recuerdo me pierda cuando me quedo a oscuras.
No tengo una marca favorita de ginebra ni un antro donde me puedan poner “lo de siempre”. No vivo en un barco-casa desde cuyas velas gritarle a Dios en las noches de tormenta. No sigo con ferviente devoción a ningún músico de jazz que se arrancó el alma del pecho para ponerla en su instrumento.
Mi vida dura en lo que unos ojos se deslizan por estas líneas que se acaban. No soy nadie. No soy nada
lunes, 12 de enero de 2009
Sólo es nieve
El viento arrastra aristas de frío que titilan con leves brillos delante de los ojos y nublan el fondo de la calle, arremolinadas, traviesas. Salpica las mejillas y se enreda en las pestañas un polvo de invierno y de escarcha que estremece las cosquillas dormidas bajo la bufanda. Las hojas de los arbustos tornan su savia en piedra y crujen al tacto. Se parte el suelo en espejos con cada pisada. Hay quien dice que el llanto enganchado en el aire son las esquirlas de hielo que desprenden las espadas de cristal de dos ángeles con alas de plata, embestida tras embestida. Para otros sólo es nieve
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PerVersos
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Cabos sueltos
La niebla bajó lentamente. Los peatones, obstinados, continuaban su camino hacia el trabajo, atravesando la capa de humedad que se filtraba en los abrigos y empapaba las bufandas.
Los dos hombres iban a la par, mirando al suelo, avanzando a paso vivo. Charlaban de forma animada, nada acorde con el frío de la mañana, que más bien invitaba a callar, apresurarse y permanecer el menor tiempo posible en la calle.
- Me han pedido que sea delegado sindical.
- ¿Y que vas a hacer?
- No lo sé. Es mucho curro, pero mientras sea delegado no me pueden despedir.
- Hablando de despidos, ¿Sabes a quien han echado?
- Ni idea.
- A Pura, la de Administración.
Entraron en un gran edificio corporativo. Se acercaron al puesto de seguridad de la entrada y pidieron unas indicaciones. Cogieron un ascensor y pulsaron el botón del piso 46. Uno de ellos revisó algo en su maletín.
- ¿Dónde vas a ir este año de vacaciones?
- Los niños están empeñados en ir a disneyland. Supongo que iremos de todos modos, pero les he dicho que si suspenden alguna nos quedamos en casa.
- Tus chicos han sido bastante aplicados. Nosotros no conseguimos que el pequeño se centre. Andamos siempre con academias y con historias.
El ascensor llegó al piso 46. Entraron en un bufete de abogados. Saludaron con una sonrisa a la secretaria, se anunciaron y pasaron al despacho de uno de los socios. Tras los saludos y presentaciones entraron en materia.
- ¿Cuál es su problema? –preguntó el abogado.
- Nuestro jefe está teniendo algunas dificultades con un tipo que está metiendo las narices donde no le llaman.
- Nuestro problema es usted. –Terció el segundo hombre.
Antes de que el abogado pudiera asimilar la última frase los dos hombres ya habían sacado dos pistolas con silenciadores y abrían fuego contra él.
Los asesinos permanecieron otro cuarto de hora en el despacho. Salieron despidiéndose.
- Muchas gracias, volveremos la semana que viene.
Dijeron adiós a la secretaria, de nuevo con una sonrisa. Cogieron el ascensor y pulsaron el botón de la planta baja.
- Una putada lo de Pura.
- Si, es una pena.
- ¿Dónde comemos?
- ¿Te apetece ir a un italiano?
- Vale.
Y al salir del edificio se dirigieron al restaurante.
Los dos hombres iban a la par, mirando al suelo, avanzando a paso vivo. Charlaban de forma animada, nada acorde con el frío de la mañana, que más bien invitaba a callar, apresurarse y permanecer el menor tiempo posible en la calle.
- Me han pedido que sea delegado sindical.
- ¿Y que vas a hacer?
- No lo sé. Es mucho curro, pero mientras sea delegado no me pueden despedir.
- Hablando de despidos, ¿Sabes a quien han echado?
- Ni idea.
- A Pura, la de Administración.
Entraron en un gran edificio corporativo. Se acercaron al puesto de seguridad de la entrada y pidieron unas indicaciones. Cogieron un ascensor y pulsaron el botón del piso 46. Uno de ellos revisó algo en su maletín.
- ¿Dónde vas a ir este año de vacaciones?
- Los niños están empeñados en ir a disneyland. Supongo que iremos de todos modos, pero les he dicho que si suspenden alguna nos quedamos en casa.
- Tus chicos han sido bastante aplicados. Nosotros no conseguimos que el pequeño se centre. Andamos siempre con academias y con historias.
El ascensor llegó al piso 46. Entraron en un bufete de abogados. Saludaron con una sonrisa a la secretaria, se anunciaron y pasaron al despacho de uno de los socios. Tras los saludos y presentaciones entraron en materia.
- ¿Cuál es su problema? –preguntó el abogado.
- Nuestro jefe está teniendo algunas dificultades con un tipo que está metiendo las narices donde no le llaman.
- Nuestro problema es usted. –Terció el segundo hombre.
Antes de que el abogado pudiera asimilar la última frase los dos hombres ya habían sacado dos pistolas con silenciadores y abrían fuego contra él.
Los asesinos permanecieron otro cuarto de hora en el despacho. Salieron despidiéndose.
- Muchas gracias, volveremos la semana que viene.
Dijeron adiós a la secretaria, de nuevo con una sonrisa. Cogieron el ascensor y pulsaron el botón de la planta baja.
- Una putada lo de Pura.
- Si, es una pena.
- ¿Dónde comemos?
- ¿Te apetece ir a un italiano?
- Vale.
Y al salir del edificio se dirigieron al restaurante.
viernes, 5 de diciembre de 2008
Tabaco
Besteiros apuró el cigarrillo y echó un vistazo a su alrededor. El cuerpo presentaba las mismas marcas que los casos anteriores, las mismas laceraciones. Estaba claro que se trataba de su asesino. Dio un par de órdenes a sus hombres y comenzaron a trabajar. Le esperaba una noche muy larga. Y se estaba quedando sin tabaco.
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