domingo, 15 de marzo de 2009

Sorpresas

¿Cómo imaginar que me daría la vuelta y estarías allí? ¿Cómo imaginar que después de tanto tiempo los recuerdos seguirían vibrando tan potentes e intensos como aquellas noches? Y aunque las circunstancias no han jugado a nuestro favor y la incertidumbre baile con nosotros, verte de nuevo ha sido, como siempre, so so fucking special.

domingo, 8 de marzo de 2009

Diseño Inteligente

Sólo un pequeño apunte para los que creen en un creador supremo o al menos aceptan con cierto placer intelectual la teoría del diseño inteligente. Nadie que sea inteligente podría haber diseñado algo tan inútil y problemático como las muelas del juicio.

viernes, 23 de enero de 2009

No soy nadie. No soy nada

No soy nadie. No soy nada. No me dedico a ninguna profesión extraña en la que arriesgue mi vida con un elegante toque de bohemia. No soy detective privado, No pinto a hermosas mujeres desnudas en mi buhardilla, no custodio raro tesoros bibliográficos ni hago magia en las plazas delante de estudiantes turbadas por la mirada de lobo herido que no tengo.
No tengo un apellido exótico. No se me conoce por ningún sobrenombre ni destaco en ninguna disciplina. No he protagonizado una azarosa juventud allende los mares, donde una madre argentina no me echa de menos. No hay ninguna disputa con mis hermanos que me pese en el corazón, ni guardo secretos que vayan a cambiar mi vida para siempre. No conozco la verdadera esencia del mundo ni la magia que lo mantiene atado. Jamás existió una mujer que me quiso como ninguna otra y cuya ausencia me ponga la cordura del revés, ni tragedia en cuyo recuerdo me pierda cuando me quedo a oscuras.
No tengo una marca favorita de ginebra ni un antro donde me puedan poner “lo de siempre”. No vivo en un barco-casa desde cuyas velas gritarle a Dios en las noches de tormenta. No sigo con ferviente devoción a ningún músico de jazz que se arrancó el alma del pecho para ponerla en su instrumento.
Mi vida dura en lo que unos ojos se deslizan por estas líneas que se acaban. No soy nadie. No soy nada

lunes, 12 de enero de 2009

Sólo es nieve

El viento arrastra aristas de frío que titilan con leves brillos delante de los ojos y nublan el fondo de la calle, arremolinadas, traviesas. Salpica las mejillas y se enreda en las pestañas un polvo de invierno y de escarcha que estremece las cosquillas dormidas bajo la bufanda. Las hojas de los arbustos tornan su savia en piedra y crujen al tacto. Se parte el suelo en espejos con cada pisada. Hay quien dice que el llanto enganchado en el aire son las esquirlas de hielo que desprenden las espadas de cristal de dos ángeles con alas de plata, embestida tras embestida. Para otros sólo es nieve

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Cabos sueltos

La niebla bajó lentamente. Los peatones, obstinados, continuaban su camino hacia el trabajo, atravesando la capa de humedad que se filtraba en los abrigos y empapaba las bufandas.
Los dos hombres iban a la par, mirando al suelo, avanzando a paso vivo. Charlaban de forma animada, nada acorde con el frío de la mañana, que más bien invitaba a callar, apresurarse y permanecer el menor tiempo posible en la calle.

- Me han pedido que sea delegado sindical.
- ¿Y que vas a hacer?
- No lo sé. Es mucho curro, pero mientras sea delegado no me pueden despedir.
- Hablando de despidos, ¿Sabes a quien han echado?
- Ni idea.
- A Pura, la de Administración.

Entraron en un gran edificio corporativo. Se acercaron al puesto de seguridad de la entrada y pidieron unas indicaciones. Cogieron un ascensor y pulsaron el botón del piso 46. Uno de ellos revisó algo en su maletín.

- ¿Dónde vas a ir este año de vacaciones?
- Los niños están empeñados en ir a disneyland. Supongo que iremos de todos modos, pero les he dicho que si suspenden alguna nos quedamos en casa.
- Tus chicos han sido bastante aplicados. Nosotros no conseguimos que el pequeño se centre. Andamos siempre con academias y con historias.

El ascensor llegó al piso 46. Entraron en un bufete de abogados. Saludaron con una sonrisa a la secretaria, se anunciaron y pasaron al despacho de uno de los socios. Tras los saludos y presentaciones entraron en materia.
- ¿Cuál es su problema? –preguntó el abogado.
- Nuestro jefe está teniendo algunas dificultades con un tipo que está metiendo las narices donde no le llaman.
- Nuestro problema es usted. –Terció el segundo hombre.

Antes de que el abogado pudiera asimilar la última frase los dos hombres ya habían sacado dos pistolas con silenciadores y abrían fuego contra él.
Los asesinos permanecieron otro cuarto de hora en el despacho. Salieron despidiéndose.
- Muchas gracias, volveremos la semana que viene.

Dijeron adiós a la secretaria, de nuevo con una sonrisa. Cogieron el ascensor y pulsaron el botón de la planta baja.
- Una putada lo de Pura.
- Si, es una pena.
- ¿Dónde comemos?
- ¿Te apetece ir a un italiano?
- Vale.

Y al salir del edificio se dirigieron al restaurante.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Tabaco

Besteiros apuró el cigarrillo y echó un vistazo a su alrededor. El cuerpo presentaba las mismas marcas que los casos anteriores, las mismas laceraciones. Estaba claro que se trataba de su asesino. Dio un par de órdenes a sus hombres y comenzaron a trabajar. Le esperaba una noche muy larga. Y se estaba quedando sin tabaco.

martes, 18 de noviembre de 2008

Accidente de tráfico

Los neumáticos giraban casi sin fuerza. Cientos de pequeños cristales sembraban el asfalto alrededor del coche volcado. Los dos haces de luz de los focos iluminaban el quitamiedos arrancado de cuajo por el impacto. El amasijo de hierros era lo único que impedía que el vehículo se precipitara ladera abajo.

En el interior del coche un hombre luchaba por permanecer consciente. Intentó alcanzar el teléfono móvil, pero el cinturón de seguridad se había atascado y casi no le dejaba moverse.

El tiempo dejó de tener sentido y en un momento dado creyó escuchar el motor de otro vehículo transitando por la solitaria carretera. Por el fragmento de retrovisor que no había quedado reducido a pedazos vio dos faros acercarse y detenerse a pocos metros de él.

Un chico joven se bajó del coche y se asomó a su ventanilla.

- ¿Se encuentra bien? Espere aquí, voy a llamar a una ambulancia.

Se habría reído si no le doliera tanto el pecho. “Espere aquí” le había dicho. ¿A dónde pensaba que iba a ir? El muchacho volvió después de unos instantes.

- Llegarán enseguida. Me han dicho que no puedo moverle, pero que le de conversación para que no pierda la consciencia.

Entre estertores consiguió darle las gracias.

- ¿De donde venía?

Del puti, pero no iba a decírselo.

- Volvía a casa… no la vi… se me echó encima… ¿Puede quitarme el cinto?
- ¿No la vio?
- La chica de blanco, en la curva… Al esquivarla se me fue el coche y…
- ¿La chica de la curva? –el chico pareció dudar antes de seguir hablando- ¿Ha bebido?

Pues claro que había bebido.

- No… Por favor… Sáqueme del coche
- Huele a alcohol. ¡Joder! ¿Cómo puede ser tan irresponsable?
- No… Yo… Por favor, me duele –Gimió.

Empezaba a ver chispazos azules en los bordes de su campo visual. Tenía ganas de vomitar, pero el chico seguía presionándolo.

- ¿Cuanto ha bebido?
- No sé… poco.
- ¡Cuanto!
- Unas seis copas… y un poco de vino… por favor, me estoy mareando ¿tiene agua?
- No. ¿De donde viene?

El hombre del coche rompió a llorar.

- ¡De un club de carretera! ¡¿Vale?! Por favor sáqueme de aquí.

Las lágrimas bajaban por su frente hasta el pelo, arrastrando algunas gotas de sangre de los cortecitos abiertos por el impacto. El chico caminaba de arriba abajo furioso.

- Se va de putas, se emborracha y luego coge el coche tan tranquilo. ¡Ha podido matar a cualquiera!
- ¡Por favor! ¡Ayúdeme a salir!
- El mundo sería un lugar mejor si usted muriese en este accidente.

Arrimó el hombro al coche y empezó a empujar hacia el precipicio. En el interior el hombre gritaba.

- ¡Por favor! ¡Tengo mujer e hijos! ¡Soy una buena persona!

El chico volvió a agacharse para mirarle a la cara.

- No, no lo eres. ¿Sabes lo que habría hecho una buena persona? Una buena persona habría preguntado que ha sido de la chica de blanco.

Empujó de nuevo hasta que el quitamiedos destrozado cedió y el coche de despeñó colina abajo. Una chica con un vestido blanco apareció de entre unos arbustos detrás del muchacho.

- Este casi me pilla de verdad.
- Lo que hacemos es arriesgado, –respondió el chico- pero es lo mejor para todos.

martes, 28 de octubre de 2008

No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura

No quería repetir, pero un hilo de sangre ya le caía por la comisura. Siempre ocurría igual. Todo empezaba con una charla inocente, él se ajustaba las gafas en un gesto tímido, ella lo encontraban adorable. De un modo otro siempre acababan en el piso de ella. El último café, la última copa, algo de música… Él fingía una torpeza que le era impropia y ella reafirmaba su autoridad controlando la situación en su propio territorio. El poder nos vuelve tan insensatos… De modo que ella marca el paso, ambos intiman y él pierde el control.

Había vuelto a manchar el pantalón por la excitación. Se secó la boca con el dorso de la mano y contuvo las nauseas hasta que dio con el baño. Se desnudó después de vomitar y una vez dentro de la ducha abrió el grifo del agua caliente, sin importarle lo más mínimo escaldarse bajo el vapor. Se frotó furioso, intentando arrancarse el sudor y el arrepentimiento de la piel, a tiras así fuera la única forma.

Se secó con la primera toalla que encontró, mirando de vez en cuando al cuerpo desmadejado que yacía sobre la cama. La rutina que se había grabado a fuego en la mente se abrió paso entre la niebla de su pensamiento.

Ir a la cocina, guantes, lejía, limpiar todo lo que hubiera tocado, verter al menos la mitad de la botella de lejía en el plato de la ducha y en el váter. Colocar un cuchillo en la mano de la chica, ampliar la herida del cuello y masajear el corazón para simular una hemorragia en la herida post-mortem. Cuando la encontraran sería un suicidio entre otros.

- Te estoy aburriendo- La voz de la chica le sacó de su ensimismamiento.

La miró con esos ojillos tímidos mientras se subía las gafas.

- No, perdona. Te pareceré un estúpido, pero por un momento estaba tan a gusto que no me di cuenta de que no estaba sólo.- De forma inconsciente usaba palabras con muchas ese y erres suaves, de tal forma que transmitía una sensación de sosiego a su interlocutora,- Bueno, así dicho en voz alta si que suena bastante a delirio.
- A mí me suena bastante tierno. –Le tocó levemente los dedos de la mano derecha- ¿Qué te parece si subimos a mi piso a tomar la última copa y me cuentas en que estabas pensando?
- De acuerdo. –Sonrió al borde del sonrojo de nuevo.- Pero sólo era un dejá vu.

lunes, 27 de octubre de 2008

Kobain intuyó

Lo terrible del más allá es que no hay nada más allá de lo que vemos aquí. Al morir nuestras almas vuelan y se trasforman en pajaritos que con su piar nos advierten de que no malgastemos el tiempo, que no dotemos de poder a los mentirosos, pues no hay nada más y que al morir nuestras almas vuelan y se transforman en pajaritos que intentan advertirnos con su piar.

Lo peor de todo es que tenemos esa verdad inconmensurable cada día, pero ignoramos a los pajaritos y su mensaje de la verdad, pues no les entendemos y su piar nos parece vacío de contenido y propósito.

Si entendieramos su idioma de pureza sabríamos la verdad, pero no lo sabemos. Nunca despertaremos a la verdad. Moriremos y seremos pajaritos, desesperados por hacer ver a la gente lo futil de su existencia. Sin lograrlo.

martes, 7 de octubre de 2008

El cuervo y la sirena

El pequeño pájaro negro se posó en las ramas bajas del árbol. No estaba seguro de seguir la dirección correcta, así que resolvió preguntar a alguien por el camino. A los pies de aquel árbol descansaba un hombre vestido con una estrafalaria ropa de llamativos colores y cascabeles cosidos por todas partes. Tenía algo entre las manos.
- Perdonad –graznó- estoy buscando algo y tal vez vos podáis ayudarme.

De entre las manos del hombre surgió revoloteando un hada que se acercó curiosa al cuervo le lanzó un guiño y corrió a esconderse de nuevo entre los ropajes del curioso personaje.
- Veo que le has caído bien a mi musa – dijo con una carcajada- ¿en que puedo ayudarte?
- Verá… –comenzó el cuervo- estoy buscando… una sirena.
- ¿Una sirena? –el hombre no parecía sorprendido- ¿y por que la buscas? ¿Te vale cualquier sirena o buscas alguna en concreto?
- Oh, no, mi sirena es especial. Está hecha de sol y agua del mar y cuando canta lo hace sólo para mí.

El hombre se llevó la mano a los ojos y negó con la cabeza.
- ¿Un cuervo y una sirena? Suena a locura.
- Lo sé, pero no puedo evitar sentir la necesidad de buscarla. Apareció un buen día en la meseta en la que vivo. Hicimos un trato, ella se llevaría una de mis plumas y yo me quedaría con una de sus escamas, y cada poco intentaríamos volver a vernos para asegurarnos de que el trato sigue en pie hasta la próxima vez.
- Ya veo…- El hombre miró al pájaro con resignación y señaló al horizonte con el dedo.- Las sirenas viven por allí, así que prueba en aquella dirección.

El cuervo no esperó más indicaciones e inició el vuelo. El hombre le dedicó unas últimas palabras.
- Vuela hacia el sur cuervito, pero asegúrate de no perder el norte.

Cuando el pájaro se perdió en la distancia el extraño personaje miró al hada que bailaba en la palma de su mano.
- ¿Y a ti que te parece?
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Para todos los que indicaron al cuervo hacia donde volar (no os nombro pero os pienso)
Y sobre todo para TÍ